UN PABELLÓN MULTIUSOS COMPATIBLE CON PROYECTOS ESTRATÉGICOS PRIORITARIOS

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UN PABELLÓN MULTIUSOS COMPATIBLE CON PROYECTOS ESTRATÉGICOS PRIORITARIOS

La ciudad de Irun vuelve a debatirse entre la ilusión y la aritmética. Esta vez no hay "sapo corredor" que condicione el proyecto, pero sí un aeropuerto y una estación  en la zona que reclaman infraestructuras a la altura de su potencial. El “sí” al pabellón multiusos no es un capricho: es una necesidad estratégica para que la ciudad deje de ser tránsito y se convierta en destino, siempre en armonía con los proyectos prioritarios que marcan el futuro de la comarca.

El futuro pabellón multiusos de Irun se plantea como un proyecto de ciudad. No es únicamente un edificio deportivo, sino un espacio polivalente capaz de acoger conciertos, ferias, congresos y competiciones internacionales. En un municipio que convive con la frontera administrativa y con un aeropuerto cercano -y una futura estación intermodal  ya casi realidad,- las infraestructuras se convierten en pieza clave para atraer visitantes, dinamizar la economía y reforzar la identidad local. Un pabellón no es ladrillo: es relato.

La ausencia de obstáculos medioambientales como el famoso “sapo corredor” despeja el camino. Ahora el reto es financiero y estratégico. El aeropuerto de Hondarribia, a escasos kilómetros, ofrece una oportunidad única: un pabellón moderno puede convertirse en complemento perfecto para quienes llegan por aire, generando un flujo de actividad cultural y deportiva que trascienda lo local. Un aeropuerto sin ciudad es tránsito; un pabellón con aeropuerto es destino. Pero la estación de ferrocarril también.

Decir “sí” al pabellón implica apostar por un modelo de ciudad que no se conforme con ser periferia. Pero ese “sí” debe ser compatible con los proyectos estratégicos prioritarios: sanidad de calidad, vivienda asequible, movilidad sostenible, regeneración urbana, y cohesión social. Un proyecto que compite con otros es obstáculo; uno que se integra, es futuro. La colaboración público-privada es esencial, Bruselas y Vitoria ofrecen fondos europeos y autonómicos, y la explotación mixta evitará que el edificio se convierta en un “elefante blanco”.

La financiación escalonada permitirá que el coste sea asumible y visible para la ciudadanía. La transparencia radical es condición indispensable: cada euro invertido debe ser claro, porque sin confianza no hay proyecto que sobreviva. La confianza es el cemento invisible de cualquier obra pública. El impacto económico indirecto beneficiará a hoteles, restaurantes y comercios, mientras que la atracción de talento y eventos reforzará la proyección internacional de Irun. La sostenibilidad energética reducirá costes y alineará el proyecto con las exigencias europeas. Un pabellón verde es futuro; uno opaco, pasado.

El “sí” al pabellón multiusos de Irun no es un gesto romántico, es una decisión estratégica. Con un aeropuerto cercano, una estación moderna, y una ciudad que aspira a ser destino, la infraestructura puede convertirse en el corazón que marque el pulso de la comarca. Sí, porque Irun merece crecer. Sí, porque la frontera no puede ser límite. Sí, porque los sueños, cuando se financian con inteligencia y se integran con los proyectos prioritarios, dejan de ser utopías y se convierten en realidades palpables. Por cierto, el sapo corredor ya se extinguió, y sin canal de aguas bravas. 

¡QUE NADIE NOS ENGAÑE POR FAVOR!

 

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