SANTIAGO BERNABÉU EN GAL: EL DÍA EN QUE IRUN ABRAZÓ CON ÉL A ANTONIO ALSÚA ALONSO

En el cincuentenario del Stadium Gal, celebrado en 1966, Santiago Bernabéu visitó Irun y rindió homenaje a Antonio Alsua, el extremo irunés que inauguró Chamartín ante Os Belenenses y que dejó una huella imborrable en el Real Madrid. Jugó 176 partidos oficiales, desde 1941 hasta 1948 y ganó dos copas, entonces del "Generalísimo".
Un presidente que vino a recordar
En junio de 1966, cuando el Stadium Gal cumplía cincuenta años de vida, Irun se convirtió en un pequeño santuario futbolístico. Medio siglo de tardes de barro, de graderíos que parecían respirar con el público y de un orgullo silencioso que solo las ciudades con memoria conservan. Porque hubo hasta campo de concentración durante la sublevación franquista. Hasta allí llegó Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, con ese porte de patriarca que no necesitaba solemnidades para imponerse.
Los actos del cincuentenario habían reunido a miles de aficionados de Gipuzkoa, Navarra y del otro lado del Bidasoa. Pero el momento más esperado era el partido entre el Real Madrid y la Selección de Gipuzkoa. En los vestuarios del Stadium Gal, Bernabéu reunió a sus jugadores y les recordó que jugaban en Irun, un lugar que definió como manadero de futbolistas excepcionales. Entre ellos mencionó a Antonio Alsua, quien había defendido la camiseta blanca durante diez temporadas y cuyo pundonor, dijo, debían tomar como ejemplo.
No hablaba por compromiso. Bernabéu explicó que había pedido que localizaran a Alsua porque quería devolverle el abrazo que el irunés, con una entrega indesmayable, había dado al Madrid durante los años en que defendió sus colores. Era un reconocimiento sincero hacia un futbolista que no solo se había ganado el respeto del club, sino que había tenido el honor de inaugurar el estadio de Chamartín en un partido frente a Os Belenenses, dejando su nombre escrito en la primera página de un templo que luego sería mítico.
Entre los jugadores que escuchaban la arenga estaba Ferenc Puskás, que asentía en silencio, como quien reconoce el valor cuando lo oye nombrar. Minutos después, en el césped de Gal, firmaría una jugada que aún hoy se recuerda como un destello inolvidable.
Aquel día, el Stadium Gal no celebró solo un aniversario. Celebró algo más profundo: la certeza de que el fútbol, cuando es verdadero, une a los hombres por encima del tiempo, de los colores y de las distancias. Y que Irun, pequeña en el mapa pero inmensa en memoria, siempre ha sabido estar a la altura de los grandes.





