SAN MARCIAL SE MANIFIESTA CON LAS SALVAS, FERNANDO VII Y EL PULSO ANTIGUO DE IRUN

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SAN MARCIAL SE MANIFIESTA CON LAS SALVAS, FERNANDO VII Y EL PULSO ANTIGUO DE IRUN

 

Hay días en que en los que el Monte Aldabe, San Marcial,  no es solo un monte: es una presencia que se dice a su manera. Una respiración honda que sube desde las campas y se mezcla con el rumor de la ciudad. Este 31 de agosto, como manda la tradición, esa presencia ha vuelto a despertarse con el estruendo solemne de las salvas, y más de doscientos iruneses han querido sentirla de cerca.

La Asociación Histórico-Cultural 1813 ha convocado, un año más, a quienes entienden que la historia no es un capítulo cerrado, sino una compañía que vuelve cada vez que alguien decide recordarla.

Fernando VII y la orden que fijó un rito

Los miembros de la asociación han recuperado el origen de este gesto ritual, que no nació del capricho ni de la costumbre, sino de una Real Orden firmada por Fernando VII el 28 de julio de 1817. En ella, el monarca reconocía la conducta ejemplar de los iruneses durante la batalla de 1813: su auxilio a los aliados, su entrega a los heridos, su manera de estar —con firmeza, con dignidad— en uno de los momentos más duros de aquella guerra.

Por eso, el rey dispuso que en San Marcial se colocase un cañón permanente, y que cada 31 de agosto se trasladara otro desde la plaza de San Sebastián, acompañado de artilleros, pólvora y utensilios, para ejecutar una salva “con la mayor solemnidad posible”. Y hoy, dos siglos después, esa solemnidad sigue viva: no como un mandato, sino como una convicción.

El patrimonio como presencia que interpela

La asociación ha aprovechado el acto para recordar que el patrimonio no es un museo ni una vitrina: es una presencia que nos acompaña, que nos exige cuidado y respeto. El reciente robo del tesoro de Villena ha servido como ejemplo de lo frágil que puede ser aquello que creemos eterno y de la necesidad de proteger lo que nos ha sido legado.

Irun, tradición y carácter

Cuando las salvas han terminado y el humo se ha disipado entre los árboles, los asistentes han bajado el ritmo. Han conversado con los artilleros, han posado junto al cañón, han compartido impresiones como quien comparte memoria. Porque San Marcial, en días como este, no es solo un escenario: es un espejo donde Irun reconoce su carácter, su manera de entender la historia y su forma particular de honrar lo que le pertenece.

FOTO: HAIMAR MARCOS

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