REMEROS DEL CANTÁBRICO RELATAN EL DURO DESAFÍO DE COMPETIR EN AGUA DULCE

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REMEROS DEL CANTÁBRICO RELATAN EL DURO DESAFÍO DE COMPETIR EN AGUA DULCE

 

Quienes han bogado en El Rasillo y Entrepeñas describen un esfuerzo “más técnico y más exigente” que en la mar, marcado por la falta de flotabilidad, la ausencia de oleaje y un silencio que obliga a remar con precisión absoluta.

La competición en agua dulce supone para las traineras del Cantábrico un cambio radical en la forma de remar. Así lo explican varios remeros que han participado en pruebas como la Bandera de La Rioja, celebrada en el embalse de El Rasillo, o en las regatas del pantano de Entrepeñas, donde la física del agua transforma por completo el comportamiento del bote. Les recomiendo el artículo de Jon Indart en www.noticiasdegipuzkoa.eus sobre el embalse de Entrepeñas en 1969, donde ganó Hondarribia.

“El bote pesa el doble, aunque no lo veas”, asegura Iker, proel con más de veinte años de experiencia. El remero explica que, al entrar en agua dulce, “la trainera se hunde un poco más y cuesta mucho más mantener la velocidad”, una sensación que describe como “ir frenado desde la primera palada”. Según cuenta, muchos debutantes creen que el casco está mal ajustado hasta que descubren que es simplemente la falta de salinidad.

El patrón Marcos subraya que la mayor dificultad está en las maniobras. En sus palabras, “la ciaboga es una tortura”, porque la embarcación “pierde agilidad y obliga a anticipar el giro con mucha más distancia”. El patrón señala que, en pantanos como Entrepeñas, “no hay margen para improvisar” y que cada movimiento debe ejecutarse “con precisión del relojero suizo”.

La remera Ane, tosta de babor, recuerda que en El Rasillo terminó “más cansada que en cualquier bandera del Cantábrico”. Explica que en la mar “siempre hay una ola que te ayuda un poco”, mientras que en agua dulce “si aflojas, el bote se muere”. Ane insiste en que estas regatas exigen una técnica “obsesiva”, porque “cualquier fallo se nota al instante”.

Para Jon, remero de estribor, competir en pantanos es “un examen de humildad”. El deportista relata que su tripulación llegó a Entrepeñas tras una buena racha en la mar y, sin embargo, “allí quedamos terceros sin entender por qué”. Con el tiempo, asegura que comprendió que el agua dulce “igualaba a todos” y premiaba “la limpieza de la palada por encima de la fuerza bruta”.

Aunque la Bandera de La Rioja dejó de celebrarse en 2012, Santiagotarrak fue tercera en la primera edición de 1997 que se adjudicó Zumaia, y su recuerdo sigue vivo entre quienes bogaron en aquel embalse rodeado de montañas. También Entrepeñas, con su paisaje abrupto y su silencio profundo, permanece como un escenario que obliga a las traineras a demostrar su capacidad de adaptación. Como resume uno de los remeros consultados, “en la mar luchas contra el oleaje; en el pantano luchas contra ti mismo”.

 

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