POR UN PABELLÓN IRUNDARRA QUE NO SE ESFUME ENTRE PLANOS

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POR UN PABELLÓN IRUNDARRA QUE NO SE ESFUME ENTRE PLANOS

 

 

Por encima de los dos millones. Así arrancó la asamblea del Club Deportivo Bidasoa, con un titular que debería sonar a músculo, pero que en Irun se escucha con eco. Porque el presupuesto aprobado —2,177 millones de euros— no tapa la grieta que se abre cada vez que alguien menciona el nuevo pabellón. El proyecto, ese que debería ser el trampolín del club hacia Europa, sigue siendo una promesa en papel. Y los socios, que no son tontos, lo saben.

El pabellón: ¿proyecto o espejismo? El Ayuntamiento de Irun lidera el encargo, sí. Pero la mochila inversora la lleva la Diputación, y el peso político lo reparten el Gobierno Vasco y la propia Diputación guipuzcoana, que sí tiene una partida habilitada como nos ha dicho la Diputada General, Eider Mendoza. Con una inversión del Consejo Superior de Deportes,  condicionada a los planes antes citados. ¿Resultado? Un proyecto que parece diseñado para que nadie lo empuje del todo. Un pabellón de 43 millones de euros, con aforo para 5.200 personas sentadas, que permitiría al Bidasoa jugar en casa sin pedir permiso a la EHF. Pero hoy, ese pabellón es más una maqueta que una obra.

Socios que preguntan, instituciones que callan En la asamblea, varios socios alzaron la voz. No por capricho, sino por hartazgo. Porque Artaleku, con sus 37 años de servicio, ya no da más de sí. Porque Irun, con 65.000 habitantes, tiene una sola pista cubierta reglamentaria, como escribe Jurdan Arretxe, de Noticias de Gipuzkoa. Porque el club crece, la cantera pide pista, y Europa exige estándares. Y mientras tanto, el silencio institucional se convierte en ruido.

El riesgo de la inacción Si el pabellón no se concreta, el Bidasoa podría verse obligado a jugar fuera de Irun. ¿Pamplona? ¿Donostia? ¿Qué sentido tiene tener un equipo de élite si no puede jugar en casa? El pabellón no es un capricho arquitectónico. Es una necesidad deportiva, social y estratégica. Es el puente entre lo que el Bidasoa es y lo que puede llegar a ser.

¿Y ahora qué? El club ha hecho sus deberes: cuentas claras, presupuesto ambicioso, proyecto deportivo sólido. Pero sin pabellón, todo eso se tambalea. Es hora de que las instituciones se retraten. Que digan si creen en el deporte como motor de ciudad o si prefieren seguir dibujando planos que nunca se construyen. El jueves, más noticias, esperamos que positivas.

 

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