PETER LESZINSKI: EL ALEMÁN QUE SE HIZO IRUNÉS

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PETER LESZINSKI: EL ALEMÁN QUE SE HIZO IRUNÉS

¿Tiene el CD BIDASOA un ADN especial? La aportación de tres de los balonmanistas lesionados que participaron ayer en Huesca, proporcionando la adrenalina necesaria para definir un triunfo vital, otorga un carácter especial al club. Lean esta historia de Peter Leszinki, que nos contó en su día Javier Sesma, expresidente del Bidasoa. Esencia de lo que hoy sigue siendo el club...

En la historia del CD Bidasoa hay nombres que brillan por títulos y otros que permanecen porque, sencillamente, hicieron falta. Entre estos últimos está Peter Leszinski, un alemán que llegó a Irun en febrero de 1968 por motivos laborales. Trabajaba en una agencia de transportes, y su jefe, Enrique Coello, jugaba a balonmano. Sin proponérselo, acabó abriendo una puerta que nadie sabía que existía: la del primer extranjero del club.

Era un tipo discreto, metódico, de esos que observan antes de hablar. En abril ya estaba entrenando con el equipo, y al año siguiente se vio metido en la fase de ascenso a División de Honor, incluido aquel partido contra el SEAT de Madrid que devolvió al Bidasoa a la élite. No hizo ruido, pero estuvo donde había que estar.

Luego la vida, que siempre tiene su propio guion, le jugó una mala pasada: una hepatitis lo apartó del balonmano y lo llevó a Córdoba por trabajo. Pero ni la distancia ni la enfermedad rompieron el hilo. Cuando pudo volver, viajaba desde Andalucía para jugar en el Uranzu, pagando él mismo los billetes, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Hoy suena a leyenda; entonces era simplemente compromiso.

El directivo que sabía medir las palabras

Cuando colgó las zapatillas, Peter no se marchó. Se quedó en el club, primero como colaborador, luego como directivo, siempre como ese hombre al que se acudía cuando hacía falta alguien sensato. Y, sobre todo, se convirtió en el traductor de alemán en una época en la que empezaban a llegar técnicos y jugadores centroeuropeos.

Pero Peter no traducía al pie de la letra. Traducía con criterio. Sabía que ciertas frases, dichas con la franqueza germánica, podían encender a personajes de carácter firme como Beñardo García o Juantxo Villarreal Olazabal, y prefería suavizar, matizar, rebajar el tono. No era censura; era diplomacia. Donde el alemán decía “esto es un desastre”, Peter ofrecía un “quizá convendría revisarlo”. Y todos tan tranquilos. Era un puente, sí, pero un puente con amortiguación.

Un pionero sin estridencias

No fue una estrella, ni pretendió serlo. No buscó titulares, pero dejó huella. Jugador, directivo, traductor, viajero incansable entre Córdoba e Irun… uno de esos hombres que sostienen un club sin pedir nada a cambio.

Peter Leszinski fue, en definitiva, un pionero silencioso, un alemán que llegó por trabajo y se quedó por afecto. Un irunés adoptivo que nunca necesitó grandes gestos para ser importante. Foto CD BIDASOA.  Peter es el primero arriba por la derecha; a su lado, el "histórico" Beñardo García.

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