PEQUEÑA VELOCIDAD, EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN QUE NO SE QUISO RECORDAR

El pabellón ferroviario de Irun, en riesgo de derribo durante años, fue identificado en 2018 como campo de concentración franquista. Hoy, sigue en pie gracias al empeño de las asociaciones memorialistas, y la colaboración del Ayuntamiento de Irun.
En Irun, detrás del edificio de la Aduana, hay un pabellón que durante décadas pasó desapercibido. Se llama Pequeña Velocidad. En 2018, se descubrió que fue un campo de concentración franquista. El único que aún se conserva en Gipuzkoa.
Funcionó entre 1936 y 1942. Allí se retenía a prisioneros republicanos y refugiados que regresaban del exilio. La estancia era breve, dos días. Lo suficiente para que las autoridades, los falangistas y la Iglesia decidieran su destino. Algunos eran enviados a campos como Miranda de Ebro o a batallones de trabajo forzado. Otros no volvían.
No hay cifras exactas. Se estima que pasaron al menos 4.000 personas. Algunas fuentes hablan de muchas más. Tampoco hay muchos testimonios. Solo el de Tomás Valentín y el del escritor Jose Mari Etxaburu, que en Nere lau urteko ibilerak dejó constancia de lo vivido.
Las asociaciones Kepa Ordoki y Nicolás Guerendiain lograron que el pabellón no fuera derribado. Hoy, sigue en pie. No como ruina, sino como memoria.
Fuentes: Kepa Ordoki Memoria Historikoa Bidasoan y la Asociación Republicana Irunesa Nicolas Guerendiain. Más datos: Noticias de Gipuzkoa.
foto: Biblioteca Digital Hispana





