OLABERRIA: MADERA QUE LATE, TAMBOR QUE CALLA, MEMORIA QUE NO SE BORRA
SEGUIMOS CON TEXTOS EMOTIVOS DEL ALARDE

No todas las compañías salen del reglamento. Algunas —como Olaberria— nacen del suelo, de las piedras que saben nombres, del aire que recuerda pasos. No fueron los libros, fue el barrio. Estebenea fue y es más que punto de encuentro: es altar sin cruz, templo sin muros. Allí se conjura lo que luego desfila.
Se llamó Bº Ergoien, hasta que en 1896 decidió llamarse como lo que era. Olaberria. Salieron 23 soldados. Nombre que no se impone, se acepta. Que no se pronuncia, se respeta.
En el Alarde de 1939, cuando faltaba un soldado y el riesgo de no salir era real, el Capitán caminó por los caseríos como quien busca un verso que falta en la canción. En el caserío Makatza, la historia le respondió. Porque Olaberria no se permite marchar incompleta.
En los años cuarenta, el acordeón abría el día como una oración que se cantaba en voz baja. Desde Estebenea hasta Urdanibia, donde el pífano y el tambor retomaban el testigo, como si el viento supiera qué tono seguir.
Hoy, Olaberria se ha multiplicado. Han llegado Larreaundi, Ribera, Perujaran, pero el alma no se ha diluido: se ha expandido. Más de 400 soldados desfilan, pero ninguno va solo. Cada paso lleva al barrio en la mirada. Cada marcha tiene la respiración de quienes alguna vez la soñaron.
Y allí está el banderín. Moharra de madera, como el de Ama Shantalen. Porque el metal luce, pero la madera guarda. Olaberria no elige lo fácil, elige lo verdadero.
Y en medio de todo, la ausencia que nunca es tal: Txantxot Alzaga--¡cuántos partidos del Real Unión habremos presenciado con él!, José Mari Azanza, Borda, Zugasti y Manolo Nieto- ese corazón que marcaba sin tocar, que hablaba sin interrumpir. Su risa baja, su forma de mirar el ensayo como si no fuera práctica, sino ritual. Txantxot- digno sucesor Javier García Nieto-está cuando se alinean los soldados, cuando el tambor se tensa, cuando el acordeón —aunque ya no suene— sigue estando. Porque hay gente que no se va, simplemente se queda en otra forma.
Olaberria no desfila. Camina como quien se despide sin irse. Como quien sabe que cada paso no pisa suelo, sino memoria.





