MESTALLA, NOCHE DE HORCHATA, MEMORIA Y ALMA TXURI-URDIN

Valencia, agosto. El sol ya se ha escondido, pero el calor se queda. Pegado a la piel, como los recuerdos. Atrás hemos dejado el maravilloso merciado de Valencia, y en La Albufera, manjares deliciosos, judiones, para el arroz socarrat. Inigualable en la Pepica. Si el veterano gerente del Bidasoa, José Antonio Errazkin, hablase de los manjares...El Bidasoa jugaba entonces contra el Marcol. Mestalla se enciende bajo los focos, como una falla que no arde pero sí vibra. El aire huele a pólvora dormida, a verano que no se quiere ir, a horchata servida en vaso de cristal, con ese dulzor que se queda en la lengua como una promesa.
La Real Sociedad llegó con Sergio Francisco al mando. Irundarra, sereno, con el alma llena de Zubieta y el corazón dispuesto a escribir su primera página en este libro nuevo. Y Mestalla, que ha visto a Kempes galopar como un potro desbocado, a Mijatovic bailar entre defensas, y a Otxotorena volar entre palos como si el aire fuera suyo, y antes que todos ellos, a Eizaguirre, el león de Dublin, que defendió la portería con dignidad y temple. Y Epi, el donostiarra de las pastelerías Rich, que marcó el gol de la final de Copa del 49 al Athletic, con una vaselina que aún flota en el cielo de Chamartín.
Mestalla, recibió a los txuri-urdin con respeto
Porque este equipo no viene a mirar. Viene a jugar. La primera parte fue de equilibrio. Como esas noches en las que el calor no deja dormir, pero tampoco molesta. La Real tocaba, buscaba, insinuaba. Brais Méndez, con ese toque que parece sacado de una partitura, movía el balón como quien mueve recuerdos en una sobremesa. Y Take Kubo, siempre inquieto, siempre valiente, se colaba entre líneas como el murmullo de una radio encendida en la cocina. Pero el fútbol tiene sus caprichos. En el 57’, Diego López aprovechó un centro oblicuo y batió a Remiro. Gol del Valencia. Mestalla rugió. Como en los tiempos de Fernando Gómez, como cuando el sol caía a plomo y los goles se celebraban con abanicos en la mano y naranjas en la grada. Porque los ches, cuando aprietan, lo hacen con alma. Aunque no haya bandas de música como en los partidos televisados de los años 70.
Tres minutos después, la Real respondió. Brais vio el hueco, metió el pase, y Kubo, con la calma de quien sabe que el momento es suyo, la mandó a guardar. Golazo. De los que se celebran con el alma, con el transistor encendido, con el corazón en Donostia, todavía en Semana grande. Y luego, casi sin tiempo para respirar, Orri Óskarsson tuvo la suya. Acababa de entrar. Pase de Oyarzabal, solo ante el portero… y se le fue. Como se escapa la última cucharada de horchata cuando el vaso está casi vacío. Una pena. Pero también una promesa. Duje Caleta-Car debutó. Serio, sobrio, sin alardes. Como quien sabe que primero hay que escuchar antes de hablar. Bien arropado por Zubeldia, Dejó buenas sensaciones.
El partido terminó con la Real empujando, buscando el segundo, queriendo más. Pero el gol no llegó. Y el punto, aunque sabe a poco, también sabe a verdad. Porque esta Real no especula. Esta Real compite. Esta Real emociona. "Un punto, sí. Pero también una declaración de intenciones. Esta Real quiere. Esta Real puede. Pero paciencia porque también hay que corregir, pero esto es lógico a estas alturas de la temporada", apuntaba un veterano compañero. Y mi querido Akilino Etxarri, el Sanjuandarra excapitán del Real Unión, que jugó en Valencia con Hiddink, lo ecplicará con Tito Irazusta, en la Tertulia de la Real Sociedad en TELEDONOSTI el próximo lunes.
https://youtu.be/MZWTesFa37k
Antton Dorronsoro





