¿LANGUIDECE LA EUSKAL KOPA DE BALONMANO?

GeneralBalonmano

Hemos querido abordar este texto  con un tono irónico, seco y con un fondo de desencanto, al tiempo que filtramos un compromiso con el deporte y algo de melancolía: en este caso con el balonmano, con la Euskal Kopa.


Aquí seguimos, años después, aplaudiendo entre bostezos un torneo que, más que tradición, transmite la ternura de los recuerdos borrosos: esa cita que nadie quiere descartar del calendario por si acaso algún día revive lo que nunca ha sido. Porque, seamos sinceros, ni las gradas lo esperan como fiesta ni los equipos se toman la molestia de fingir entusiasmo.

El relato oficial predica “unidad” y “pasión por el balonmano vasco,” pero el eco que deja es el de unas palabras enlatadas, repetidas año tras año por inercia. “La Euskal Kopa sirve para probar sistemas,” reconoce, a media voz, un técnico. Y uno piensa: qué irónico que lo único que se pruebe de verdad aquí sea la paciencia de los que aún quieren creer.

La competición serpentea por pabellones semi vacíos - ayer Hernani presentó un excelente aspecto- , se arrastra por horarios que no invitan ni a la curiosidad, y acaba difusa en las páginas interiores de un diario local. ¿Dónde está ETB?  Y la sensación de que todos están más pendientes de no lesionarse que del marcador, como quien intenta llegar entero a septiembre.

¿No se merecería el balonmano vasco algo más? Emoción real, promoción que despierte orgullo. “Podría ser grande, sí... pero así no ilusiona a nadie,” desliza alguien de la organización.

Quizá toca preguntarse, sin paños calientes: ¿queremos de verdad una Euskal Kopa memorable, o nos conformamos con una excusa para la nostalgia? Porque en esto también nos jugamos cómo queremos ser recordados: como un deporte al que aún le late el corazón o como un trámite de otoño, olvidado antes de acabar.

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