LA DUCHA CON AGUA FRÍA ANTES DE DORMIR EMPEORA LAS NOCHES DURANTE LA OLA DE CALOR

Aunque parece la solución más lógica para combatir el calor extremo, los expertos advierten que una ducha fría antes de acostarse provoca el efecto contrario: eleva la temperatura interna del cuerpo y dificulta el sueño.
Cuando las temperaturas superan los 30 °C, conciliar el sueño se convierte en un desafío. En condiciones normales, el cuerpo desciende ligeramente su temperatura por la noche para indicar al cerebro que es hora de dormir. Sin embargo, durante una ola de calor este mecanismo se ve alterado, y muchas personas recurren a estrategias rápidas para refrescarse, entre ellas la clásica ducha fría. Pero según los especialistas, esta práctica es una de las menos recomendables.
El organismo regula su temperatura interna mediante la sudoración y el control del flujo sanguíneo hacia la piel. Los receptores térmicos cutáneos detectan la temperatura exterior y ajustan la circulación en consecuencia. Al exponerse a agua fría, la piel interpreta que el ambiente es frío y el cuerpo responde reduciendo el flujo sanguíneo hacia la superficie para conservar el calor interno. Este proceso provoca, paradójicamente, un aumento de la temperatura corporal poco después de salir de la ducha.
Además del efecto térmico, el agua fría activa el sistema nervioso simpático, responsable del estado de alerta, lo que dificulta aún más la relajación necesaria para dormir.
Los especialistas recomiendan optar por duchas tibias, alrededor de 30 °C, que favorecen la vasodilatación y ayudan a liberar el exceso de calor. No secarse por completo permite que la evaporación del agua actúe como un mecanismo adicional de enfriamiento.
Para mejorar el descanso en noches de calor intenso, los expertos aconsejan evitar el café por la tarde, reducir el consumo de alcohol, cenar ligero, limitar la exposición a la luz durante las últimas horas del día y utilizar ropa amplia de tejidos naturales como algodón o lino.





