LA BOCINA DUELE MÁS QUE LA DERROTA EN TORRELAVEGA

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LA BOCINA DUELE MÁS QUE LA DERROTA EN TORRELAVEGA

Ficha técnica 32- Bathco BM Torrelavega (19+13): Carlos Calle (p)(1), Leo Tercariol (p); Moyano (4), Silva (2), Álex Rubiño (2), Scott (2), Javi Muñoz (3+3p), Juanjo Fernández (-), Jakub Prokop (7), Borja Lombilla (-), Isidoro Martínez (4), Jokin Aja (-), Facundo Cangiani (1), Marko Jurkovic (2), Ángel Fernández (-) y Oswaldo Maestro (1).  

31-Bidasoa (14+17): Skrzyniarz (p), Leo Maciel (p); Cavero (4p), Xavi Tua (1), Jevtic (2), Peciña (-), Xavier González (3), Furundarena (-), Esteban Salinas (4), Rodrigo Salinas (6), Mújica (-), Mielczarski (2), Nevado (5), Gorka Nieto (1+2p), Dariel García (1) y Nacho Valles (-). Parciales. 3-1, 8-5, 11-8, 13-10, 16-11, 19-14; 22-16, 23-21, 25-24, 27-26, 29-29 y 32-31.

Árbitros. Ernesto Ruiz Vergara y Alberto Macías de Paz. Excluyeron dos minutos a Prokop (2), Juanjo Fernández y Oswaldo Maestro del Bathco BM Torrelavega y a Furundarena, Nevado y Rodrigo Salinas del Bidasoa. Incidencias. Partido correspondiente a la octava jornada de la Liga Asobal disputado en el Pabellón Vicente Trueba ante 2.000 espectadores.

 

Dichosa bocina. El balonmano, como la vida, se decide muchas veces en un instante. En Torrelavega, el Bidasoa acarició la épica y terminó abrazando la frustración. El golpe franco de Jakub Prokop, lanzado con la serenidad de quien sabe que el destino le pertenece, se convirtió en la daga que cerró un partido que había sido un viaje emocional: del desconcierto inicial a la esperanza, y de la esperanza al desencanto.

El Bathco BM Torrelavega salió con la intensidad de quien quiere recuperar la memoria de la victoria. Su defensa, liderada por el eibarrés Jokin Aja, fue un muro en los primeros compases. Prokop, además, se encargó de dinamitar cualquier intento de reacción visitante con cuatro goles que parecían anunciar una noche plácida para los locales. El marcador reflejaba lo que se veía en la pista: un Torrelavega cómodo, un Bidasoa desbordado. Al descanso, la diferencia era de cinco tantos y la sensación de que el partido estaba escrito.

Pero el deporte nunca se rinde a los guiones fáciles. Tras el paso por vestuarios, los irundarras decidieron que la dignidad también se juega en defensa. Con más riesgo y más intensidad, fueron limando la ventaja hasta que el empate apareció en el luminoso. Rodrigo Salinas y Cavero se encargaron de ponerle voz a la remontada, mientras Carlos Calle, el guardameta local, sostenía a los suyos con paradas que parecían gritos de resistencia.

El desenlace fue un pulso de nervios. Bidasoa llegó a ponerse por delante, y cuando todo apuntaba a que la remontada se consumaba, la bocina dictó sentencia. El balón final, el golpe franco, la fe de Prokop y su lanzamiento demoledor. 32-31. El pabellón Vicente Trueba estalló, y el Bidasoa se quedó mirando el vacío que deja la oportunidad perdida.

No fue un mal partido de los irundarras,- en la segunda parte claro- fue una mejoría insuficiente. La primera parte les condenó, la segunda les redimió, pero el balonmano no entiende de redenciones parciales. En este deporte, como en la vida, lo que cuenta es el último segundo. Y ese último segundo, en Torrelavega, tuvo dueño.

 

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