JUANITO EMERY, CUANDO EL APELLIDO NO OCUPABA TODAVÍA LOS BANQUILLOS DE EUROPA

General
JUANITO EMERY EN EL DEPOR
JUANITO EMERY EN EL DEPORFoto: FOTO FAMILIA EMERY

Hay historias que aparecen sin avisar. Basta consultar una alineación, una clasificación o el cartel de un partido cualquiera para que el pasado abra una pequeña rendija. El Fabril y el Real Unión volverán a cruzar sus caminos el sábado 26 de septiembre en Riazor. La noticia pertenece al presente, pero entre A Coruña e Irun existe un hilo mucho más antiguo que las categorías, las plantillas y las urgencias clasificatorias. Ese hilo tiene nombre propio: Juan Emery.

Ahora que el apellido Emery está asociado al prestigio internacional de Unai Emery, pocos recuerdan que, mucho antes de que la familia alcanzara notoriedad en los banquillos, un guardameta irundarra defendió la portería del Deportivo de La Coruña durante una de las etapas más importantes de la entidad gallega. Juan Emery jugó en Riazor entre 1959 y 1962, disputó 54 encuentros oficiales y formó parte del equipo que recuperó la Primera División en la temporada 1961-62. Además, Igor Emery es el presidente del Real Unión, y eso tampoco es cualquier cosa.

Aquella era otra época. El fútbol viajaba despacio. Las distancias parecían mayores que hoy y las noticias tardaban días en recorrer el país. Los futbolistas construían su reputación lejos de los focos permanentes y las retransmisiones continuas. Lo hacían en campos llenos de barro, en trenes interminables y en vestuarios donde la convivencia tenía tanto peso como la táctica.

Desde Irun había llegado aquel portero sobrio y seguro. No era un hombre de grandes titulares. Nunca lo fue. Pero terminó convirtiéndose en una pieza respetada dentro de un Deportivo que empezaba a mirar hacia arriba y que soñaba con recuperar un lugar entre los grandes. En aquel equipo convivían veteranos y jóvenes que estaban llamados a marcar una época. Entre ellos sobresalía un muchacho llamado Amancio Amaro, cuya calidad ya empezaba a resultar imposible de ocultar. A su alrededor aparecían nombres como Veloso, Loureda, Manín o Domínguez, jugadores que ayudaron a construir una plantilla que acabaría celebrando el ascenso.

Mientras algunos acaparaban las miradas, Emery observaba el juego desde la portería. Los porteros suelen vivir en una frontera peculiar. Están dentro del partido y, al mismo tiempo, parecen apartados de él. Son protagonistas silenciosos. Tal vez por eso quienes compartieron vestuario con el irundarra no hablan tanto de una parada concreta como de la impresión que dejaba cada día.

El exdefensa José Carlos Lariño, compañero suyo en A Coruña y posteriormente en Gijón, guardó durante décadas el recuerdo de aquel hombre tranquilo al que todos respetaban. “Tenía una capacidad de contactar con la gente que era una maravilla”, recordaba al evocar su convivencia con el guardameta.

Las palabras de Lariño dibujan una figura que va más allá del futbolista. Hablan de un profesional serio, de esos que no necesitan levantar la voz para hacerse escuchar. Durante la recta final de la temporada del ascenso, cuando el Deportivo defendía el liderato y cada punto adquiría un valor extraordinario, Emery transmitía una serenidad que sus compañeros aún recuerdan. “Era muy serio. En partidos como aquel sabía estar”.

Y cuando se le pregunta por el hombre que había detrás de los guantes, la definición resulta todavía más reveladora: “Era buen portero, muy seguro y, sobre todo, un caballero”.

Acabó en el Sporting porque llegaron Betancort, procedente del Real Madrid, y Padrón, que venía del Celta. Pero Juanito tenía un año más de contrato. Era inteligente y sabía que no había muchas opciones para jugar.

Quizá por eso su historia merece ser rescatada ahora que el Real Unión vuelve a encontrarse con el fútbol coruñés. Porque el deporte no se alimenta únicamente de resultados. También vive de las pequeñas conexiones que el tiempo conserva entre ciudades, clubes y generaciones. Abegondo-Riazor y el Stadium Gal aparecen hoy unidos por la competición. Pero mucho antes estuvieron unidos por un portero nacido junto al Bidasoa que encontró en Riazor uno de los capítulos más importantes de su carrera.

El apellido Emery acabaría recorriendo el continente, levantando títulos y ocupando portadas. Sin embargo, antes de toda esa dimensión europea hubo un hombre que hizo el camino de forma silenciosa. Un guardameta de Irun que ayudó a devolver al Deportivo a Primera División y que dejó en Galicia un recuerdo tan sencillo como valioso: el de un buen futbolista y, sobre todo, el de una buena persona.

FUENTES: RIAZOR.ORG. LA OPINIÓN.FAMILIA EMERY.JUAN PEDRO HAROCARENE.

.

Noticias relacionadas