IRUN VUELVE A CRUZAR EL RÍO: DE CIPRIANO LARRAÑAGA A JOSÉ ANTONIO SANTANO

Nació en Oñati, en 1855 o 1856. Murió en 1913. Pero Cipriano Larrañaga Bereciartua sigue cruzando el Bidasoa. No como cuerpo, sino como idea. Como gesto que permanece.
Fue alcalde de Irun en dos etapas (1889–1903 y 1909–1911), desde el partido liberal. Hombre de carácter mesurado, de administración escrupulosa, de visión clara. No gobernó para administrar lo dado, sino para imaginar lo posible. Bajo su mandato se trazaron avenidas, se levantaron escuelas, se repoblaron montes. Se pensó Irun como ciudad que respira, como frontera que une.
Pero su gesto más audaz fue el puente. En 1902, cuando el paso a Hendaya era apenas una barca y un pabellón aduanero, Larrañaga propuso construir un paso firme sobre el Bidasoa, en la zona de Santiago. No era solo una obra de ingeniería: era una declaración de futuro. Unir orillas. Tender vínculos. Abrir la ciudad al mundo.
El puente se terminó en 1916, tres años después de su muerte. Y como todo símbolo, su historia fue contradictoria. Lo que nació para unir, muchas veces separó. La Gran Guerra, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial… Pero también fue refugio. Miles de iruneses lo cruzaron buscando libertad. Europa empezaba allí, al otro lado del río.
En 1923, el Ayuntamiento dio su nombre a una calle junto al Paseo de Colón. No fue un gesto administrativo. Fue un acto de memoria. Emilio Navas lo definió como “caballeroso, celoso y escrupuloso en la administración comunal”. Pero más allá de los elogios, queda su obra: una ciudad que se atrevió a mirar más allá.
Y ahora, más de un siglo después, en el andén de la nueva estación, José Antonio Santano pronuncia su nombre. Lo hace con convicción, con respeto, con continuidad: “Como Cipriano Larrañaga, Irun vuelve a estar a la vanguardia”. Nos lo dijo, rompiendo el protocolo y pleno convencimiento.
No es una frase ceremonial. Es una invocación. Porque la nueva estación no es solo infraestructura. Es relato. Es el eco de aquel alcalde que pensó que Irun debía cruzar, conectar, avanzar. Como Cipriano, Santano habla de progreso con apego a la tierra. De modernidad con memoria.
Porque Irun no se entiende sin sus pasos hacia adelante. Sin sus puentes. Sin sus estaciones. Y cada vez que se inaugura algo que mira al futuro, Cipriano Larrañaga vuelve a estar presente. No en bronce, sino en la voluntad de seguir cruzando.
Foto (Ayuntamiento de irun.)Junta de Beneficencia del Hospital de Irun a principios del siglo XX. De izquierda a derecha: delante, Guerra (gobernador militar), Eugenio Tellería (párroco), Cipriano Larrañaga (alcalde), Juan Albisu (médico director del hospital) y Ricardo Morales; detrás, Luis Bergareche, Juan Eceizabarrena y Hermógenes Balzola. Aqq





