IRUDEK BIDASOA IRUN GANÓ ALGO MÁS QUE DOS PUNTOS EN TURDA

Hay partidos que no se explican solo con el marcador. Se entienden en la piel, en la mirada de los jugadores, en el silencio que queda después del último gol. Lo que hizo el Irudek Bidasoa Irun en Rumanía fue más que una victoria. Fue una afirmación. Una forma de decir: “Aquí estamos. Y hemos venido para quedarnos”.
En la primera jornada de la Fase de Grupos, en una cancha que aprieta, que ruge, que convierte cada balón en una guerra, los de Álex Mozas sacaron adelante un partido que tenía trampa. El Potaissa Turda no es cualquier rival. En casa se transforma. Venía de ganar al Dinamo de Bucarest, y su afición convierte el pabellón en un hervidero. Pero Bidasoa no se dejó arrastrar por el ruido. Supo sufrir. Supo resistir. Supo ganar.
Mozas lo sabía. Lo dijo antes y lo repitió después: “Era un partido vital”. Y lo fue. Porque en estas fases cortas, cada punto es una vida. Cada tropiezo puede costar la clasificación. Y Bidasoa no tropezó. Se mantuvo firme. Incluso cuando el partido se torció, cuando llegaron las dobles exclusiones, cuando Turda se acercó. El equipo no se rompió. Se hizo fuerte.
Rodrigo Salinas fue el martillo. Once goles en doce intentos. Casi perfecto. Casi histórico. A dos tantos del récord de Nenad Perunicic en Magdeburgo,- en el viejo pabellón de la antigua DDR allá por 1997-, en una víspera de partido donde íñigo Ayestarán, periodista de ETB, se recreó con el piano, y Juantxo Villarreal se atrevió a cantar en el vestíbulo del hotel de concentración. Europa tenía entonces aquel encanto. Pero más allá de los números, lo suyo fue liderazgo. Fue presencia. Fue ese tipo de jugador que aparece cuando el partido lo pide. Que no se esconde. Que lanza cuando quema.
Gorka Nieto, el capitán, lo vio igual. “No fue nuestro mejor balonmano, pero fuimos sólidos”, dijo. Y en Europa, eso vale oro. Porque en canchas así, no se juega bonito. Se juega con cabeza. Con corazón. Con carácter. Y Bidasoa tuvo todo eso.
El equipo supo aguantar los golpes. Supo correr cuando había que correr. Defender cuando había que defender. Y sobre todo, supo decidir. En los pequeños detalles, en esos momentos que definen un partido, estuvo mejor que Turda. Y eso, en Europa, marca la diferencia.
Desde el 30 de agosto, siete victorias y un empate. El equipo está entero. Está serio. Está para cosas grandes. Y en Rumanía, lo demostró. Porque ganar fuera de casa, en Europa, no es solo sumar dos puntos. Es enviar un mensaje. Es decirle al grupo, al continente, que Bidasoa está aquí. Que compite. Que sueña. Y tiene margen de mejora.
Nadie sabe qué Turda se encontrarán Flensburg y Saint-Raphaël cuando viajen allí. Pero Bidasoa ya pasó. Y salió con los deberes hechos. Con la mochila llena de confianza. Con la mirada puesta en lo que viene. Lo que viene ahora es Flensburg el martes, pero antes, este viernes llega la visita al Palau blau grana a las 21,00 con la narración de www.txingudIradio.com.
Porque esto no ha hecho más que empezar. Pero en Turda, Bidasoa ya dejó claro que no ha venido a pasear. Ha venido a competir. Y a ganar.
FOTO MIHAELA IONELA-POTAISSA TURDA





