IRUDEK BIDASOA IRUN MANDA DESDE EL PRIMER ESTRUENDO Y VUELVE A UNA FINAL DE COPA TREINTA AÑOS DESPUÉS 30-37

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IRUDEK BIDASOA IRUN MANDA DESDE EL PRIMER ESTRUENDO Y VUELVE A UNA FINAL DE COPA TREINTA AÑOS DESPUÉS 30-37
 

El Irudek Bidasoa Irun no jugó una semifinal: la ordenó. Cinco minutos bastaron para que el 0-5 inicial dejara claro quién llevaba el volante y quién iba en el asiento de atrás. Huesca intentó respirar, pero el aire era irunés, denso, serio, de esos que no se negocian. El resto fue oficio amarillo, ese que no presume porque no lo necesita. Asi vuelve a una final de Copa del Rey treinta años después.

 

Hay partidos que se ganan antes de que el público encuentre su asiento. Este fue uno. El Bidasoa salió con esa expresión que en Irun conocemos bien: la de “hoy no hay concesiones”. La defensa, un muro de los que no se levantan en una mañana, convirtió cada ataque oscense en un trámite sin futuro. Y mientras Huesca buscaba su sitio, Bidasoa ya había escrito el prólogo: 0-5 y silencio en la grada neutral.

Nolasco pidió tiempo muerto con la urgencia de quien intenta frenar una riada con un cubo. Cordiés y Moya maquillaron el desastre inicial, pero aquello era como ponerle colonia a un incendio. Bidasoa jugaba con la serenidad de los equipos que han aprendido a sufrir en Artaleku y a mandar fuera de casa.

Gorka Nieto, que ya empieza a tener ese aire de jugador que no necesita levantar la voz, manejó el partido como si lo hubiera ensayado en la plaza de Urdanibia. González, siete goles y ni un gesto de más, fue el martillo que golpea sin preguntar. Los Salinas, cada uno con su estilo, recordaron que en Irun la veteranía no se discute: Esteban desde el pivote, Rodrigo desde cualquier sitio.

Huesca encontró un respiro en Parera, que sostuvo al equipo como quien aguanta una puerta en plena galerna. Pero cada intento de acercarse chocaba con la misma evidencia: Bidasoa no estaba para sorpresas. El 13-18 del descanso era más un veredicto que un marcador.

La segunda parte confirmó lo que en Irun ya sabíamos: cuando el Bidasoa huele sangre, no suelta la presa. Las imprecisiones oscenses se multiplicaron y los amarillos, que no perdonan ni los saludos, abrieron la brecha hasta un 18-28 que dejó la semifinal convertida en trámite.

Los últimos minutos sirvieron para que el marcador quedara bonito, pero no para cambiar la historia. Porque la historia es esta: el Bidasoa fue superior en todo. En defensa, en lectura, en ritmo, en jerarquía. Un equipo que no necesita gritar para que se le escuche.

El 30-37 final no es  un resultado. Es una declaración de identidad.Una declaración, como dice mi amigo y gran colega Jurdan Arretxen(Noticias de Gipuzkoa) que comienza en Puente Genil. Una fase final preparada a conciencia,  por Álex y su grupo. Un Álex- ahora se puede decir- que nos dijo el jueves:"estaremos en la final". Treinta años después para estar en una final de la Copa de Rey. Entonces era tarea de Perunicic, David Rodríguez, Kisselev, Etxaburu, Jordi Núñez, Javier Barreto, el propio Presidente actual, Andreu, Rubiño, Ángel Fernández...y Juantxo Villarreal como primer entrenador. Sopalovic era el asistente, y el médico, también Ricardo Jiménez. 

Y ahora nos espera el Barsa pero ya con el pasaporte europeo otra vez.

Ficha técnica

30 - Huesca (13+17). Ben Tekaya, Amjad (2), Samu Cordiés (4), Davyes, Parera (5), Rodríguez (1), Moya (2); Decsi, Dani Pérez (5, 4 p.), Paulo (1), Fabricio (2), Suárez (3), Charly Pérez (3), García, Aurélien-Morgan (1), Nenadic (1).

37 - Irudek Bidasoa Irun (18+19). Skrzyinarz, González (7), Rodrigo Salinas (5, 3 p.), Nieto (7, 3 p.), Nevado (1), García (4), Esteban Salinas (3); Maciel, Cavero, Tuà (2), Jevtic, Peciña, Furundarena (2), Mujika (4), Mielczarski (2), Valles.

 Parciales. 0-5, 3-8, 5-11, 8-13, 12-16, 13-18; 15-20, 18-25, 20-29, 23-31, 26-35, 30-37.

Árbitros. Ignacio García Serradilla e Andreu Marín Lorente. Por parte de Huesca, excluyeron a Nenadic. Por parte del Bidasoa, a Dariel García, Peciña, Mielczarski.

.LA DEFENSA DE IRUDEK, CLAVE EN ESTA EDICIÓN DE LA COPA: AHÍ ESTÁN FURUNDARENA Y PECIÑA. FOTO RFEB/RECIO

crónica de urgencia

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