GARAZI LA FANTASY: EL FULGOR DRAG QUE SACUDE TELEDONOSTI

Hay personajes que se inventan para gustar. Otros, para incomodar. Garazi La Fantasy hace ambas cosas, y lo hace con pestañas de escándalo, verbo afilado y una presencia que no cabe en ningún molde. Desde el plató de NPI, el magazine más irreverente de Teledonosti, Garazi no solo presenta: Garazi irrumpe. Como un vendaval con peluca, como una columna de fuego en medio del decorado.
Una voz que no pide permiso
En un ecosistema televisivo donde lo local suele confundirse con lo anodino, Garazi es un estallido. Su entrada en escena es una declaración de guerra contra la grisura. Con cada intervención, cada mirada a cámara, cada guiño cómplice, convierte el directo en un acto de resistencia. No hay complacencia, hay performance. No hay protocolo, hay provocación. Y en esa provocación, hay pedagogía, hay ternura, hay memoria.
Garazi no se limita a ocupar espacio: lo transforma. El plató se convierte en escenario, el escenario en manifiesto, y el manifiesto en espejo. Porque cuando Garazi habla, no solo entretiene: interpela. Y cuando se calla, también dice.
Drag como herramienta política
Garazi no es solo lentejuelas y humor. Es pedagogía queer, es feminismo pop, es memoria travesti. En espacios como el Bingo Feminista de Irun, su presencia trasciende el show: se convierte en discurso. Con sarcasmo y ternura, desmonta el machismo cotidiano, visibiliza lo invisible y convierte el entretenimiento en trinchera.
Su drag no es evasión: es confrontación. No busca gustar a todos, sino despertar a quienes duermen en la comodidad del binarismo. Garazi es la heredera de una tradición que va de Marsha P. Johnson a La Veneno, pasando por todas las que nunca tuvieron nombre pero sí coraje.
NPI: el plató como campo de batalla
En NPI, Garazi no se limita a conducir. Ella conduce, con el arquitecto televisivo Xabi Bermúdez, sí, pero también sacude. Entrevista con la precisión de quien sabe que cada pregunta puede ser un espejo. Baila, canta, improvisa, pero nunca se pierde. Porque Garazi no se disfraza: se revela. Y en esa revelación, nos obliga a mirarnos.
El programa, que nació como espacio de humor y actualidad, se ha convertido en una cápsula de libertad. Y Garazi, con su presencia magnética, ha hecho del plató un lugar donde lo queer no es excepción, sino norma. Donde el cuerpo travestido no es objeto de burla, sino sujeto de poder.
Una fantasía que incomoda y enamora
Garazi La Fantasy es una fantasía, sí. Pero no una evasiva. Es una fantasía que interpela, que incomoda, que enamora. Como diría un sesudo observador televisivo, “hay cuerpos que se maquillan para esconderse, y otros que se maquillan para gritar. Garazi grita. Y qué bien que lo haga”.
Su maquillaje no tapa: revela. Su peluca no oculta: corona. Su voz no adorna: denuncia. Y en esa mezcla de glamour y garra, Garazi se ha convertido en algo más que una presentadora: en un símbolo. De Irun, de Euskadi, de todas las periferias que se niegan a ser silenciadas.





