FERNANDO DE LEON: EL IRUNÉS QUE SOSTUVO SIN RUIDO LO QUE OTROS CELEBRABAN

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FERNANDO DE LEON: EL IRUNÉS QUE SOSTUVO SIN RUIDO LO QUE OTROS CELEBRABAN

La noticia cayó este viernes con ese silencio espeso que deja lo inesperado: En realidad, anoche,nos  llamó Siso Fernández de Ávila, para dejarnos petrificados: "Fernando de León Adarraga ha fallecido" nos espetó. Y en Irun, donde los nombres se cruzan con las historias y las historias con las calles, su ausencia se nota como se nota la falta de una pieza que siempre estuvo ahí, aunque muchos no miraran directamente hacia ella.

Un capitán del Alarde que entendía el servicio como una forma de estar en el Alarde Tradicional

 Fernando no fue un figurante más. Fue miembro de la primera junta y capitán de la Escolta de Caballería durante casi dos décadas, de 1982 al 2000, con la única excepción de 1984. Los que compartieron con él aquellos años fundacionales lo recuerdan como un hombre de presencia firme, de palabra justa y de convicciones sin aspavientos. De esos que no necesitaban levantar la voz para que se entendiera el mensaje. La Escolta lo despidió en redes con un mensaje sobrio, casi militar, pero cargado de afecto. En el fondo, sabían que se iba alguien que había entendido el Alarde como lo entienden los que lo sienten de verdad: como un compromiso con la ciudad, no como un escaparate.

 El fútbol: su otra trinchera

 Si el Alarde fue una casa, el fútbol fue la otra. Y allí también dejó huella. En marzo recibió el IV Premio Víctor Zabalo, un reconocimiento que hoy parece escrito para este momento: premiar a quienes sostuvieron durante décadas el tejido del fútbol local sin pedir nada a cambio. Fernando estuvo en todas: Hondarribia FE, Real Unión, CD Behobia, Federación Guipuzcoana de Fútbol. Directivo, vocal, vicepresidente, miembro de junta. Títulos que en su caso significaban lo mismo: trabajo, horas, reuniones, viajes, discusiones, soluciones. Los Veteranos del Real Unión lo definieron como gran irunés, apreciado, respetado. Palabras que no se regalan. Un hombre de fina ironía, de juicios certeros.

 El Behobia: donde se le quería sin necesidad de discursos Quizá el homenaje más íntimo llegó desde el CD Behobia, que lo recordó como “mucho más que un colaborador”. En su 50 aniversario ya lo habían incluido entre esas personas que, desde fuera del foco, sostienen el día a día. Y eso, en un club de barrio, es casi un título nobiliario. El Behobia habló de compromiso, de cercanía, de cariño. De esa forma de estar que no se aprende: se tiene o no se tiene. Fernando la tenía. Y por eso hoy lo despiden con gratitud, con memoria y con esa frase que en Irun se reserva para muy pocos: “Dejas una huella imborrable”. Comprometido con la Real Sociedad, había recibido la insignia del oro del club depués de 50 años como socio. Nunca se olvidó del Club Deportivo Bidasoa, y fue uno de los promotores del hoy desaparecido club de Tenis Txingudi, con José Antonio Saura, por cierto recientemente fallecido.

Un irunés de los que hacen ciudad En tiempos de ruido, Fernando de León representaba lo contrario: la constancia silenciosa. La dedicación sin foto. La responsabilidad sin aplauso. Esas personas que no buscan protagonismo porque ya tienen lo que importa: el respeto de quienes los conocen. Y desde el punto de vista profesional, un excelente gestor de un mundo siempre complejo como el del seguro.

Su muerte deja un vacío, sí. Pero también deja un ejemplo. Y en una ciudad como Irun, donde la memoria pesa y la gratitud se expresa sin florituras, eso significa mucho.

 Foto de la Federación Guipuzcoana de fútbol

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