El TOPO, MÁS DE UN SIGLO TENDIENDO PUENTES: UN TREN QUE UNIÓ LAS ORILLAS DEL BIDASOA

Hace más de cien años, el modesto ferrocarril que enlazaba San Sebastián con Irun cruzó por primera vez el Bidasoa para adentrarse en Hendaya. Aquel 13 de julio de 1913 marcó el nacimiento del único tren internacional de vía métrica española, fruto de largas negociaciones, acuerdos singulares y un estreno ensombrecido por la tragedia.
El Topo, ese tren cercano y casi familiar que desde principios del siglo pasado acompaña el pulso de la comarca, alcanzó su condición de ferrocarril internacional el 13 de julio de 1913. Hasta entonces, su recorrido concluía en Irun, detenido ante la frontera natural del Bidasoa, donde la concesión española encontraba su límite legal y también simbólico.
Para prolongar la línea hasta Hendaya, la compañía promotora tuvo que adentrarse en un terreno tan delicado como el propio río: el de la diplomacia. Fue necesario obtener la autorización del Gobierno francés y pactar con los Chemins de Fer du Midi, propietarios de la estación hendayesa, la entrada de un tren de vía métrica en un espacio ferroviario concebido para otras escalas. Aquellas conversaciones culminaron en julio de 1912, cuando Francia aprobó el proyecto del puente internacional y ambas compañías firmaron un convenio que regulaba la implantación de las nuevas vías. El acuerdo incluía una cláusula reveladora del equilibrio fronterizo: dos tercios de los ingresos generados por los viajeros y mercancías embarcados en Hendaya serían para Midi, en cumplimiento del tratado ferroviario de 1864.
Aunque la ley francesa que refrendaba el convenio no se promulgó hasta abril de 1914, el servicio internacional comenzó antes. El 12 de julio de 1913, el Ministerio de Fomento español autorizó la circulación por el nuevo puente, y la compañía abrió el tramo Irun–Hendaya al día siguiente, con la discreción práctica de quien sabe que la historia también se escribe en los detalles.
La jornada inaugural, sin embargo, quedó marcada por un suceso trágico. Esa misma tarde, dos trenes colisionaron en las inmediaciones de la estación de Irun, causando siete muertos y una veintena de heridos graves. La respuesta inmediata y generosa de los vecinos llevó al rey Alfonso XIII a conceder a la localidad el título de “Muy Humanitaria”, y un año más tarde, el de ciudad.
Pese al dolor, el servicio internacional se restableció al día siguiente con un horario provisional. Desde entonces, el Topo ha mantenido su vocación transfronteriza, uniendo dos orillas que comparten más que un río: un modo de vivir, una memoria común y una vecindad que el tren ha sabido acompañar durante un siglo.





