EL REAL UNIÓN SE REENCUENTRA CON SU CARÁCTER ANTE UNA MUTILVERA VALIENTE (3-1)

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EL REAL UNIÓN SE REENCUENTRA CON SU CARÁCTER ANTE UNA MUTILVERA VALIENTE (3-1)
 

 

El fútbol tiene momentos que no se explican con estadísticas, sino con pulsaciones. Este sábado, en el Stadium Gal, el Real Unión volvió a latir con fuerza. Lo hizo en un partido que parecía escaparse entre los dedos, pero que terminó abrazando con el alma de su historia y el empuje de su banquillo. La Mutilvera, recién ascendida, no vino a pasear su ilusión: vino a competir. Y lo hizo. Pero el Real Unión recordó que, en Gal, cuando el reloj aprieta, hay que saber morder.

El encuentro comenzó con aroma a dominio local. Al cuarto de hora, un saque de esquina bien ejecutado derivó en un centro lateral que Peru Ruiz atacó con fe. El balón acabó en la red tras un infortunio de Pablo Grande, que lo desvió en propia puerta. Fue el primer golpe para los navarros, que además perdieron a Morte por lesión poco después. Lizarraga entró en su lugar, y con él, algo de temple.

Ángel Fraga sostuvo a los suyos con intervenciones de mérito, mientras el Real Unión tejía su juego con paciencia. En la segunda mitad, Álvaro Garrido movió piezas: Bujanda entró por Xabi Goñi, buscando aire fresco. El partido se volvió más abierto, más incierto. Y entonces, cuando el reloj marcaba el 81, Aranguren encontró un hueco en la memoria del partido: recuperó en campo rival y soltó un zurdazo que se coló por la escuadra. El empate, premiaba el esfuerzo, pero no era definitivo.

Gal, que había contenido la respiración, rugió en el 90. Tellechea, uno de los revulsivos, recibió un pase filtrado de Peru Ruiz y definió con temple. El 2-1 era más que un gol: era una declaración de justicia. En el añadido, Laken Torres puso la rúbrica con otro tanto que desató el delirio en las gradas. El Real Unión había sufrido, sí, pero también había respondido.

El Real Unión se llevó algo más que tres puntos. Se llevó la certeza de que, cuando el partido se vuelve emocional, tiene recursos, historia y carácter para inclinar la balanza. En Gal, el fútbol volvió a ser un acto de fe.

Foto( Bárbara Duarte)

 

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