EL ECO PERSISTENTE DE UNA VOZ CÁLIDA QUE FORMA PARTE DEL PAISAJE: IÑAKI DE MUJIKA

Dos años... ¡y aquí sigo dando guerra!
Esta mañana, en Kai-Alde (Hondarribia), un periodista me ha entregado una carta firmada por Iñaki de Mujika. Y estas son sus líneas
¡Dos años! Así marcan las esquelas, los calendarios, esos que llevan la cuenta... ¡Dos años! Pero, ¿qué son dos años cuando has echado raíces tan profundas como las mías en esta tierra bendita del Bidasoa? Dicen que mi voz se apagó. ¡Ja! ¡Qué equivocados! Las voces que surgen desde lo más hondo del alma –las que narran un gol del Bidasoa en Artaleku como si en él dependiera la vida– no se apagan con un interruptor. Esas voces retumban sin cesar en el recuerdo.
Pasé la vida junto a un micrófono, y qué importante fue para mí: se convirtió en mi trinchera, mi púlpito, mi confesionario. Desde El BEATERIO en Noticias de Gipuzkoa, pasando por Radio Popular y Onda Vasca, viví incontables batallas, sudores fríos y explosiones de pura gloria. No me limitaba a contar partidos, ¡los vivía intensamente! Sentía el césped de Anoeta bajo mis pies, aun desde una diminuta cabina, y el parqué de Artaleku vibraba en mi garganta con cada defensa implacable y cada contraataque electrizante.
¿Directo? ¡Por supuesto! ¿Acaso el deporte es para los que se expresan con rodeos? La verdad no se oculta tras eufemismos. Al pan, pan, y al vino, vino: si había que admitir que jugábamos como un flan, se decía sin tapujos; y si era preciso gritar ¡¡¡Gooooool!!! hasta quedar afónicos, se hacía con todo el fervor. Esto es, señoras y señores, pasión en estado puro, la misma que sentís en la grada y que yo experimentaba frente al micrófono.
Mi Bidasoa... ¡ay, mi Bidasoa! ¿Qué deciros? ¡Europa! Aquellos micrófonos sin cables que, junto a Beñardo y Errazkin, colocamos en el modesto despacho de la fábrica de Chocolates Elgorriaga, simulando una conferencia de prensa en la Casa Blanca. ¡Con qué contrato salíamos bajo el brazo, qué héroes éramos! Cada parada de Svensson la vivía como si se me hiciera a mí mismo; cada gol de Gislasson era una descarga de energía. Eso no era mera radio, era un exorcismo colectivo. Y mi Real… ¡mi Real Sociedad! El txuri-urdin corría por mis venas: sufríamos intensamente y gozábamos como nadie.
Dicen que mi voz ya no resuena en el dial... Puede que falte ese estruendo característico, la franqueza con la que os contaba las verdades sin rodeos. Pero que nadie se engañe: mientras en Artaleku se siga respirando auténtico balonmano, mientras en Anoeta ondeen la ikurriña y el txuri-urdin, y mientras en cada rincón de Hondarribia se conserve el verde de nuestra trainera y se hable del Real Unión con el corazón en la mano, mi eco permanecerá. Ahí seguirá vibrando la voz de Iñaki de Mujika.
Dos años... ¡Bah! Una mera anécdota. Lo esencial es lo vivido, lo peleado y lo gritado, junto a todas vosotras y todos vosotros. Y eso, amigos míos, ¡nadie me lo puede quitar! Y es cierto, Jurdan, lo de la Zarzamora; Koldo, uno con leche, por favor; y lo de Uranga, esa la asumo yo. Y lo demás, Joxemi, incluido lo de Gurutz. En Kai-Alde, claro.
¡Aúpa Bidasoa! ¡Gora Real Unión! ¡Gora Erreala! ¡Aúpa Onyarbi! ¡Gora Irun, siempre!





