EL DERBY COUNTY DE LAMPARD JUGARÁ EN EL STADIUM GAL EL 28 DE JULIO

El Real Unión conquistó en 1924 su segundo entorchado nacional en Donostia -en 1913 el Racing se adjudicó el campeonato igualmente- y la leyenda irunesa comenzaba a forjarse. Su preparador, Steve Bloomer, había sido el mejor futbolista de Gran Bretaña, capitán de su selección, y vivió en Irun una etapa corta pero extraordinaria. El sábado 28 de julio se celebrará la segunda edición del trofeo Steve Bloomer en el Stadium Gal
Aquel deporte que se introdujo por Huelva y se extendió por toda la Península, arraigó de manera tan sorprendente como espectacular al pie de los Pirineos, en un pueblo bañado por un río cargado de historia, repleta de acontecimientos de de una envergadura máxima y con repercusiones que desbordaban fronteras. Esa historia iba a dar paso a otra no tan trascendente pero sí con influencias de tipo emotivo en los habitantes de ese pueblo. Era el Irun que, en el cuarto del siglo XX, conocía ese deporte que se había apoderado admirativamente de los iruneses.
El fútbol, el fútbol irunés, tenía ya unas características propias, una prosapia que lo distinguía del fútbol practicado en otros lugares. Era la fusión de la fuerza o el coraje controlados y del talento. Sería curioso ir analizando el desarrollo de esa rápida adaptación de los iruneses al nuevo juego, adaptación que muy pronto desembocó en la creación de varios equipos formado por futbolistas iruneses en los que se fueron descubriendo una condiciones naturales para la práctica del fútbol. Entre ellos el Racing y el Sporting.
Ya en ese Irun del año 1913, el 23 de marzo, con sus doce mil habitantes que hoy casi podrían cobijarse en el Polígono 54, el Racing se impuso al Athletic de Bilbao en Madrid por 1-0. Es la prosapia antes reseñada. Esa floración espontánea de futbolistas que lleva a la constitución del Real Unión en 1915.
Tras la consecución del título en 1918, el Real Unión se adjudicó el campeonato de España el día 4 de mayo de 1924, en el campo de Atotxa, frente al Madrid F.C por 1-0, gol conseguido por Pepito Echeveste. Jugaron por el Real Unión: Emery; Anatol, Bergés, Gamborena, René Petit, Eguiazábal, Echeveste, Vázquez, Errazquin, Matías y Azurza. Los iruneses vistieron de negro, en señal de duelo por la muerte- el 2 de mayo- de Baldomero Martínez, directivo del club, y divulgador del nuevo juego. Escribió miles de crónicas, y fue uno de los baluartes fundamentales del fútbol a comienzos de siglo XX. Steve Bloomer era el entrenador, y según el Secretario del club, José Eceizabarrena, en el discurso ofrecido durante el homenaje que tuvo lugar en el Hotel Palace el 18 de mayo de 1924 “fue mister Bloomer, nuestro entrenador, que en días pasados constituyó el ídolo de los futbolistas ingleses, el que se encargó de entrenar y aleccionar a nuestros jugadores, y a él se debe mucha parte de gloria”. Los años anteriores fueron complicados para el Real Unión, equipo al que ya “se le exigía” a pesar de luchar contra las estructuras profesionales del Barcelona, Athletic de Bilbao y Real Madrid.
La Voz de Guipúzcoa, consciente del alcance social de la victoria del Real Unión, publicó el 6 de mayo de 1924 un editorial notable que recoge los detalles de la consecución del título nacional. Lo firma “Costorbe” y extraemos algunos párrafos del mismo: “Anualmente se celebra en España el campeonato Nacional y de él sale un campeón más o menos glorioso. Este año el Real Unión Club de Irún es Campeón de España, más aún, el club irunés e el mejor campeón español. En estos tiempos en que sobre el fútbol peninsular corren vientos financieros, cuando el mercantilismo entre muchos jugadores para nadie es un secreto, y algunos clubs españoles, más que dedicados al deporte mismo, son Empresas que cotizan los valores futbolísticos haciéndoles perder toda fuerza moral, un club pequeño y humilde, de un pueblo también pequeño, surge arrollador en la lucha y conquista limpia, espléndida, gloriosamente el campeonato más reñido que hasta hoy se ha disputado.
¡Gloria al Real Unión Club de Irún! Huérfanos de todo apoyo oficial, sin prensa que jalee a nuestros deportistas, sin cronistas cuyo único objetivo consiste en fabricar falsos ídolos, que al menor soplo caen hecho pedazos; con periodistas que más que a cantar grandezas se esfuerzan en señalar y corregir defectos; sin recursos monetarios que permitan la traída a Irún de los grandes de los grandes equipos, de los que siempre tendríamos una lección que aprender, nuestro club ha sabido llegar a la cúspide, subir a la cumbre más ansiada por los futbolistas españoles. En la fuerza del entusiasmo, en esa moral indescriptible, en el cariño inmenso que a su pueblo y a su club profesan los jugadores iruneses, en el deportivismo irunés en su más sano concepto, tomemos los principales factores que les han llevado al triunfo.
Irún es este año dos veces campeón español; una por su maestría futbolística y la otra por su amateurismo. (…) Habéis seguido las huellas que con paso firme señaló el gran Patricio, queréis a vuestro pueblo con amor sin límites y supisteis dar en la jornada del domingo un glorioso a este bello rincón bidasotarra (…).
La fundación de la liga y la profesionalización del fútbol acabaron con el espíritu romántico de Costorbe; aquel 4 de mayo de 1924 todo el pueblo de Irun reventó de alegría. La compartió Gipuzkoa y esa solidaridad en el gozo se extendió hasta los últimos confines del estado, y Steve Bloomer pudo presenciar cómo el Campeonato de Copa había adquirido ya visos de leyenda, como en Inglaterra.
Fuentes: E. Navas, Carlos Fernández de Casadevante y Romaní, La Voz de Guipúzcoa y Nicolás Aguirre.





