DOS CAMINOS, UNA FINAL: SENAR Y AMIANO EN EL CUATRO Y MEDIO SERIE B

General
DOS CAMINOS, UNA FINAL: SENAR Y AMIANO EN EL CUATRO Y MEDIO SERIE B
 

 

En el frontón Uranzu de Irun se cruzan dos historias que, aunque distintas en forma, comparten fondo: el deseo de crecer, de conquistar, de dejar huella. Beñat Senar, ataundarra,  y Unai Amiano, irundarra, de Ventas,  se enfrentarán este sábado por la txapela del Cuatro y Medio Serie B y el pase a Primera. Pero lo que está en juego va más allá del marcador.

Desde la mirada analítica, con independencia de la pintura negra, Senar representa el pelotari que ha sabido construir su camino con método. Debutó en 2023 con Baiko Pilota y, tras un inicio áspero, fue puliendo su juego. Su derecha siempre fue su estandarte, pero el gancho, ese recurso que exige precisión y lectura, ha sido su salto cualitativo. En esta edición del campeonato, ha sido un rodillo: victorias contundentes ante Egiguren, Amiano, Eskiroz y Murua. Su juego no solo domina, también enseña. Y la de ayer en Tolosa, magnífica, como reconocía Amiano también.

Amiano, en cambio, es la irrupción. El pelotari que, con apenas dos meses en la élite, ha desafiado los pronósticos. Su zurda es poderosa, sí, pero lo que lo distingue es su capacidad de resistir. Cayó con dureza ante Senar, pero se levantó. Remontó ante Egiguren V, venció a Rekalde tras un inicio adverso, y hoy se planta en la final en casa, con el aliento de su gente y la presión de no fallar. "Tiene golpe", precisa Olaizola.

“Estoy aquí, y eso ya es mucho”, podría decir Amiano. Porque su camino ha sido un máster en sufrimiento, en aprender a decidir cuándo atacar, cuándo defender, cuándo confiar. Aimar Olaizola lo define como “una de las zurdas más potentes que hay”, pero también como un pelotari que está aprendiendo a pensar el juego.

Senar, por su parte, llega con la serenidad del que ha recorrido más kilómetros. “Ha jugado muchos partidos individuales”, recuerda Olaizola II, y eso se nota. Su semifinal ante Murua fue una clase magistral: 22-6 en 35 minutos, sin errores, con 16 tantos en jugada.

La final, entonces, es más que un partido. Es el cruce entre la experiencia que se ha ganado y la ilusión que se ha ganado el derecho a soñar. En Uranzu, el sábado, se decidirá quién se lleva la txapela. Pero ambos, en realidad, ya han ganado algo más valioso: el respeto del frontón.

Noticias relacionadas