DE LA HERIDA FRANCESA AL RUGIDO DE ARTALEKU CONTRA LOGROÑO

El 35-32 en Saint-Raphael no es un simple resultado. Es una herida abierta, un espejo que devuelve la imagen de un equipo que se dejó atrapar por las exclusiones y por una defensa que nunca fue muralla. El Bidasoa mostró orgullo, sí, pero también un desorden que en Europa se paga con intereses.
Las sanciones disciplinarias fueron un veneno lento. Cada exclusión era un ladrillo arrancado del muro defensivo. La roja a Jevtic dejó un vacío en el corazón de la defensa, y Brasseleur, con su brazo de hierro, convirtió cada lanzamiento en un martillazo. El equipo compitió, pero compitió a trompicones, con demasiados minutos en inferioridad y un ataque que vivió de fogonazos aislados.
Y sin embargo, la historia no termina en Francia. Porque el verdadero examen está aquí, en casa, en Artaleku, con la liga como protagonista. El duelo contra Logroño no es un partido más: es el pulso de la temporada, el que puede sostener las aspiraciones europeas y devolver la confianza perdida.
Lo que exige el momento
-
Disciplina: las exclusiones se deben minimizar. Es fácil escribirlo, sobre todo si se trabaja con contundencia, pero no hay margen para regalar superioridades.
-
Solidez: con Jakub, Maciel acompañado y Rodrigo en primera línea, el equipo recupera jerarquía.
-
Continuidad en ataque: Mujika, Nieto y Cavero tienen gol, pero necesitan constancia.
-
Carácter colectivo: cada defensa debe ser un grito, cada gol un rugido compartido.
Artaleku, la fortaleza
El pabellón irundarra no es cemento y gradas: es identidad. El Bidasoa se multiplica, la grada convierte cada parada en un estallido y cada robo en un himno. Frente a Logroño, esa comunión será imprescindible. Porque el rival no solo se vence con táctica: se vence con mucho corazón.
Y para terminar, y no olvidar. Artaleku no admite excusas. El martes no se juega solo un partido: se juega la credibilidad de un proyecto, la fe de una afición y el futuro europeo. El Bidasoa debe transformar la herida en victoria, la crítica en épica. Porque cuando este equipo se conecta con su gente, no hay rival que resista.





