GIGANTES QUE NO SE RINDEN, IRUN CONSAGRA SU COMPARSA COMO PATRIMONIO CULTURAL

En Irun, hay gigantes que no se caen. Ni con el paso del tiempo, ni con el fuego, ni con el olvido. Esta semana, el Ayuntamiento ha aprobado una declaración institucional que reconoce a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la Sociedad Irun’go Atsegiña como parte del patrimonio cultural de la ciudad. No es un gesto cualquiera. Es, como dijo un concejal con voz quebrada, “un acto de justicia con nuestra memoria”.
La comparsa no es solo cartón, pintura y música. Es historia viva. Algunas de sus figuras, según los archivos municipales, datan de la segunda mitad del siglo XIX. Y aunque el incendio de 1936 arrasó buena parte del patrimonio arquitectónico de Irun, ellas sobrevivieron. “No sé si fue suerte o terquedad, pero ahí siguen”, comenta un historiador local, mientras señala una fotografía en blanco y negro donde un gigante parece mirar al horizonte.
Desde 1937, la Sociedad Irun’go Atsegiña ha sido la guardiana de estas figuras. “No las heredamos, las adoptamos”, señala un representante de Atsegiña con una sonrisa que mezcla orgullo y responsabilidad. “Cada desfile es una promesa cumplida. A quienes las crearon, a quienes las esperan, a quienes aún no las conocen”.
La declaración institucional no solo reconoce su valor histórico y cultural. También abre la puerta a una colaboración más estrecha entre el Ayuntamiento y la Sociedad, para garantizar su conservación, documentación y difusión. “Queremos que los gigantes sigan bailando, pero también que se les escuche”, señaló el alcalde durante el pleno.
Y se les escucha. En cada fiesta mayor, en cada carnaval, en cada rincón donde la comparsa aparece, hay niños que se asustan, adultos que se emocionan y ancianos que recuerdan. “Cuando los veo, vuelvo a tener cinco años”, confiesa una vecina de de Irun.
La ciudad ha hablado. Y ha dicho que sus gigantes no son solo figuras. Son símbolos. Son testigos. Son parte de lo que Irun fue, es y quiere seguir siendo.





