CUANDO LA MANZANA SE HACE VERBO EN LA SALA CAPITULAR DEL AYUNTAMIENTO DE HONDARRIBIA

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CUANDO LA MANZANA SE HACE VERBO EN LA SALA CAPITULAR DEL AYUNTAMIENTO DE HONDARRIBIA

Koldo Ortega, historiador, e Igor Enparan, alcalde de Hondarribia, presentaron este viernes “Cultura de la sidra en el Bidasoa”, en una jornada en la que la erudición histórica, el anecdotario cultural, las bellas artes y el recuerdo a la estirpe bidasotarra salpimentaron el rescate de una tradición de más de quinientos años.

Hay libros que nacen en los archivos y terminan en los arkupes consistoriales, allí donde el cristal choca y la sidra escancia la conversación. El Salón de Plenos del Ayuntamiento de Hondarribia no olía a solemnidad burocrática, sino a historia viva y a esa complicidad socarrona que surge cuando el historiador Koldo Ortega y el alcalde Igor Enparan Araneta se sientan a rematar una promesa sellada hace tres años. El resultado es 'Cultura de la sidra en el Bidasoa', un tratado que desborda las lindes municipales para regar esa utopía que Pío Baroja bautizó como el País del Bidasoa.

“No hemos podido conseguir esa república barojiana sin moscas, sin frailes y sin carabineros, pero al menos la hemos hecho con sidra», bromeaba Ortega ante una sala concurrida. La convocatoria no era un simple formulismo oficial, sino un encuentro abierto al “pueblo de Hondarribia, Hondarribiko herria”, convertido por una tarde en guardián de una identidad comarcal que se extiende a lo largo de las riberas del río.

De las actas parroquiales a la bohemia de Picasso, Lorca y Mendiburu

La atmósfera de la propia Sala Capitular brindaba el marco perfecto: velando la estancia presidia la talla de la Amatxo de Guadalupe, emblemática escultura de Remigio Mendiburu, cuyo legado sobrevoló la presentación con la presencia entre el público de la propia hija del artista. Un símbolo imponente que conectaba la vanguardia plástica vasca con la devoción y la etnografía local.

A partir de ahí, la intervención de Ortega salpimentó la velada trazando las ricas conexiones culturales y humanas que han orbitado en torno a esta comarca. Reivindicó la impronta de políticos e intelectuales como Javier Ugarte y evocó el magnetismo del Bidasoa sobre gigantes de la cultura de la talla de Federico García Lorca, Luis Buñuel o Pablo Picasso, reflejo del atractivo bohemio y vital de la zona.

En ese viaje por las fuentes del pasado, Ortega rindió también homenaje a la propia estirpe de los historiadores locales al recordar la figura clave de Serapio Múgica —cronista e historiador de la provincia y bisabuelo del periodista Iñaki de Mujika—, cuyos legajos siguen siendo faro para entender la evolución del territorio. También lo conectó con la beca, que dentro de unos días tendrá adjudicatario.

La memoria visual tuvo su correspondiente broche cuando el historiador evocó el célebre cuadro de Albizu, una estampa viva de la sociabilidad local donde se inmortalizó a figuras de la época como Agustín Aginagalde, testimonio pictórico de aquellas tertulias y cotidianidades al calor del vaso de sidra.

Del auge del siglo XVII al cultivo del futuro

El volumen bucea más de cinco siglos en los documentos de Irun y Hondarribia para poner sobre la mesa una certeza: hubo un tiempo en que en esta tierra la sidra no era solo una industria, sino un culto. Ortega rememoró cómo en el siglo XVII el txakoli fue cediendo terreno ante el empuje de la manzana, íntimamente ligada a las travesías marineras y al sustento de la gente sencilla. La devoción por el manzanal impregnó la vida cotidiana hasta el punto de que, en 1646, la parroquia local añadió a su advocación de Nuestra Señora de la Asunción el título “y del Manzano”.

Pero la crónica de Ortega —respaldada por una amplia nómina de colaboradores a los que define como coautores— no se queda en el polvo de los archivos. Aunque de las 56 sidrerías que poblaron Hondarribia y las otras tantas de Irun apenas queda el recuerdo, la tradición muestra chispazos de resistencia. La obra rinde homenaje a la nueva generación que recoge el testigo:

  • Higeralde Sagarlekua (Hondarribia): Bixen Magán devuelve la producción a la villa tras el histórico cierre de Sagarzazu.

  • Ola Sagardotegia: Eider Bengoetxea al frente de un pilar fundamental de la comarca.

  • Caserío Aranburu (Irun): El impulso de Oihana Recalde en Meaka con su nuevo proyecto de manzanar.

  • Proyectos jóvenes: Elaboraciones artesanales que emergen en Bera.

Degustación en los arkupes y cita en Irun

El acto consistorial concluyó trasladando la teoría a la práctica. Con los aplausos aún frescos, autoridades, vecinos y colaboradores bajaron a los arkupes para cerrar la jornada con una degustación popular. Un preámbulo festivo para la segunda cita de este domingo al mediodía en Irun, donde Ortega volverá a desgranar la obra en la sidrería Ola durante el Sagar Eguna. Queda constatado que, mientras la manzana siga floreciendo a orillas del Bidasoa, la comarca seguirá teniendo historia que contar y sidra con la que brindarla.

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