CUANDO EL REMO SE CONVIERTE EN ABRAZO, OSERTZ ALDAY

Osertz Alday, el hijo pródigo, vuelve a casa después de diez años. Ha impartido magisterio arraunlari en Lekeito, se ha despedido en la Concha, y afronta un reto de primer nivel con la trainera femenina de Hondarribia Arraun Elkartea. Y un día, hace diez años también dijo "gero arte".
No fue un día cualquiera. En Portugalete, la Liga San Miguel bajaba el telón, pero en Hondarribia se abría otro capítulo. Osertz Alday, el estribor que durante veinte años remó con el alma, se despedía de la Ama Guadalupekoa. Y lo hizo como solo lo hacen los grandes: sin estridencias, sin discursos, con un abrazo.
Ese gesto, largo y sincero, lo compartió con su hermano Manex. Catorce años los separan, pero el remo los ha unido desde siempre. Manex creció viendo a Osertz remar, soñando con el verde, aspirando el salitre que su hermano traía a casa cada verano. Ese sueño se hizo carne en un abrazo que lo decía todo: “Aquí empieza tu historia, y aquí termina la mía”, le dijo Manex.
Osertz recorrió la trainera como tantas veces, pero esta vez con lágrimas en los ojos. Abrazó a cada compañero, a cada familiar, como quien sabe que la familia no se mide en sangre, sino en esfuerzo compartido. Y cuando llegó a la proa, junto a Joseba Amunarriz, no dijo nada. Porque hay momentos en los que las palabras sobran.
Y entonces, el mar le llevó a Lekeitio. No como remero, sino como guía. Como quien conoce cada ola, cada silencio, cada golpe de remo. Allí empezó una nueva travesía, esta vez desde tierra firme, enseñando a otros a remar. Y en 2025, vuelve a Hondarribia, esta vez al frente de la categoría femenina. Porque hay quienes reman, y hay quienes enseñan a remar. Osertz ha sido ambas cosas. Y lo seguirá siendo.
(Foto Iñaki de Mujika)





