CD BIDASOA: NI ANTES TAN BUENOS, NI AHORA TAN MALOS

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CD BIDASOA: NI ANTES TAN BUENOS, NI AHORA TAN MALOS

 

Álex Mozas, el entrenador de la primera plantilla del Irudek Bidasoa Irun, nos lo ha recordado en la conferencia de prensa previa al encuentro contra el Saint-Raphael. Y ¿quién  ha dicho que ahora seaís tan malos? El Bidasoa es más que un equipo: es un río que a veces nos ha separado y otras nos ha unido. Un espejo donde Irun se reconoce. Cada partido es como una corriente que arrastra emociones, y la grada de Artaleku, que sabe de fidelidad y de memoria, se deja llevar por esas mareas. En las victorias, la ola se levanta con fuerza y parece que nada podrá detenernos; en las derrotas, el cauce se estrecha y el rumor del pesimismo se insinúa. Y entonces alguien recuerda, con voz serena: “Ni antes éramos tan buenos, ni ahora tan malos”.

No es un diagnóstico de crisis, porque nadie ha hablado de mala racha. Es, más bien, un gesto de madurez-quiero interpretarlo así-un recordatorio de que el deporte no se mide por un instante, sino por la continuidad.  Como nuestra conducta vital. El mismo equipo que hace unas semanas parecía imparable es el que hoy tropieza. Ni los halagos de entonces nos convertían en invencibles, ni los tropiezos de ahora nos condenan a la mediocridad. Eso ya lo sabemos.

La frase es un antídoto contra la exageración, contra esa tentación tan humana de absolutizar cada marcador. Nos recuerda que el Bidasoa se construye en la constancia, en la fidelidad de su gente, en la cultura de trabajo que no entiende de altibajos. La grada de Artaleku no se define por el resultado, sino por la permanencia de su aliento. El club que representa a Irun no se mide por la última jugada, sino por la memoria de un proyecto que ha sabido resistir y reinventarse.

Ahí están los titulos del 95, - y otros- convertidos en mito y en cicatriz: triunfos que marcaron a toda una generación, pero que no deben cegarnos con la nostalgia. Ahí están los años de penuria, cuando el club sobrevivía gracias a la tenacidad de unos pocos- unos muy pocos- y al calor de una afición que nunca abandonó. Y ahí está el presente, con un Bidasoa que compite en la élite y que, pese a las derrotas puntuales, sigue siendo referencia de orgullo colectivo.

El río Bidasoa, que tantas veces ha sido frontera y cicatriz, es también metáfora de este club: fluye con sus meandros, con sus crecidas y bajadas, pero nunca deja de ser río. Así también el equipo: con victorias que nos elevan y derrotas que nos duelen, pero siempre fiel a su identidad.

Por eso conviene repetirlo ahora, tras los partidos perdidos: no estamos ante una mala racha, sino ante la prueba de que el camino nunca es lineal. El verdadero valor del Bidasoa no está en ganar siempre, sino en saber levantarse, en mantener la identidad intacta, en seguir siendo referencia de un pueblo que no se rinde.

La frase, entonces, no es consuelo ni excusa: es un recordatorio de que la grandeza se mide en la constancia. Ni antes tan buenos, ni ahora tan malos. Simplemente, el Bidasoa: un equipo que encarna la memoria de Irun y que, más allá de los altibajos, sigue siendo el latido de una ciudad entera. Y el que quiera ganar siempre que se asocie a la familia del FC BARCELONA.

Y mañana, nos conjuramos todos para ganar a Saint-Raphael, Álex, no tengas dudas de esta afición, porque os llevará en volandas. Y después de ganar, ¿seremos otra vez buenos?

Foto: Archivo del CD Bidasoa. Aquel Bidasoa tenía el mismo espíritu que el de mañana y su afición también.

 

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