CASCO, CRIN, GLORIA, JAIZUBIA VIBRA CON LA FINAL DE LA III COPA ANAGAN

El silencio de la mañana se rompe con un relincho. En Jaizubia, el verde se estremece. Este fin de semana, el Club Hípico Jaizubia de Irun no será solo campo: será templo. La Final de la III Copa ANAGAN de Salto de Obstáculos llega como un vendaval de precisión, coraje y elegancia. Y con ella, más de 200 jinetes y amazonas que no vienen a pasear. Vienen a volar.
“Es una Copa que tiene bastante fuerza a nivel estatal”, dice José Antonio Niño, director deportivo del club, mientras observa cómo se ajustan cinchas y se calientan músculos. “Suelen ser pruebas muy competitivas, y estamos en mitad de la naturaleza. Animamos a la gente a que venga, a que lo viva”.
El sábado, a las 9:30, comenzará el ritual. El domingo, media hora antes, se decidirá todo en el Gran Premio: 6.000 euros en metálico y regalos para los mejores. Pero el premio real está en el aire, en ese instante suspendido entre el impulso y la caída, cuando caballo y jinete son uno solo.
Entre los nombres que figuran en la lista, hay apellidos que pesan: Álvaro González de Zárate (4º en el ranking nacional), Kevin González de Zárate (12º), Peio Elorduy (13º), Xabier Zabaleta. Pero también hay promesas, cuerpos jóvenes que aún no saben que están escribiendo su primera página en la historia del salto.
“La diversidad de procedencias y niveles hace que esta final sea especialmente emocionante”, afirma Itziar Urtizberea, presidenta del club. “Vendrán jinetes de Euskadi, Navarra, La Rioja y Cantabria. Es un espectáculo de calidad, pero también de comunidad”.
El entorno acompaña. Los árboles de Jaizubia no miran, pero sienten. Y para quienes lleguen en coche, habrá aparcamientos habilitados en Txingudi Ikastola y el Palacio de Urdanibia. Porque aquí todo está pensado para que el salto no se interrumpa.
Este fin de semana, Irun no sera muga. Será pista. Será vuelo. Será Jaizubia.





