CARTA ABIERTA AL REAL UNIÓN CLUB EN EL DÍA DE SAN IGNACIO, PATRÓN DE GIPUZKOA

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CARTA ABIERTA AL REAL UNIÓN CLUB EN EL DÍA DE SAN IGNACIO, PATRÓN DE GIPUZKOA

 

Un homenaje desde Santa María del Juncal a la historia del club, a su afición y a quienes siguen alentando desde el recuerdo

Este 31 de julio, día de San Ignacio, patrón de Gipuzkoa, cuando las campanas de Santa María del Juncal marcan el ritmo de la tradición y la fe, el corazón de Irun se detiene un instante para mirar hacia dentro. Y en esa mirada, inevitablemente, aparece el Real Unión: no solo como club, sino como símbolo, como memoria, como parte esencial del alma de esta ciudad.

Con la unión entre el Irun Sporting Club y el Racing Club de Irun, el Real Unión se convirtió en pionero del fútbol español. Campeón de Copa en tres ocasiones, 1918,1924,1927, más el título del Racing en 1913, fue fundador de la Primera División, en 1929, y testigo de una historia que va mucho más allá de los resultados. Nombres como René Petit, Gamborena, Echeveste, Emery- Aitona del actual presidente del Consejo Igor Emery-, Alza, Bergés, Arabolaza, Eguiazabal, Garmendlia, los Regueiro, y tantos otros, no son solo leyendas deportivas sino parte de nuestra identidad. Por cierto hoy estaba el biznieto de Antonio Emery, otro guardameta, Lander, en la Parroquia. Su padre, Unai, también le habrá dedicado un tiempo al corazón de los presentes a través de su hijo.

Pero el verdadero legado del Real Unión está en su gente: en quienes alentaron desde las gradas, en quienes sufrieron y celebraron, en quienes ya no están pero siguen presentes en cada partido, en cada conversación, en cada rincón del Stadium Gal. A ellos, a los unionistas que nos precedieron, les dedicamos este día. Porque su pasión no murió con ellos: vive en nosotros, como una llama que nunca se apaga.

Y si cerramos los ojos, podemos imaginar la voz de Iñaki de Mujika, narrando con emoción contenida, con respeto, con ternura, porque él sabía que el fútbol es también una forma de amar, de recordar, de pertenecer.

Junto a nosotros, como figura discreta pero esencial, el párroco Fernando Jiménez. Su presencia en Santa María del Juncal es símbolo de continuidad, de consuelo, de fe compartida. Él, que ha acompañado tantas vidas, nos recuerda que el fútbol también puede ser oración, que cada gol puede ser plegaria, y que cada partido puede ser esperanza.

Que San Ignacio os dé fuerza. Que el recuerdo de quienes ya no están os inspire. Que la voz de Iñaki os acompañe. Y que la bendición silenciosa de Fernando os guíe.

Porque cuando vosotros jugáis, Irun respira. Y cuando vosotros vencéis, todos —presentes y ausentes— lo celebramos.

 

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