CARTA ABIERTA A DIEGO SAN JOSÉ, EL GRAN DIEGO, DIEGO EL IRUNÉS

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CARTA ABIERTA A DIEGO SAN JOSÉ, EL GRAN DIEGO, DIEGO EL IRUNÉS

 

Hay caminos que se anuncian sin hacer ruido. El tuyo empezó así, en un lugar donde nadie imagina que se estén fraguando futuros guionistas: el Colegio de Anaka. Allí, entre pasillos que olían a recreo y tizas gastadas, ya se intuía que mirabas el mundo con un ángulo distinto. No era pose. Era observación. Era esa forma tuya de escuchar que, con el tiempo, se convertiría en oficio.

A veces pienso en Cipriano, en su manera de mantener el orden sin perder la humanidad. Él no lo sabía, pero también estaba escribiendo contigo. Cada gesto suyo, cada frase que soltaba sin importancia, acabó siendo material de archivo para tu memoria. Y eso, Diego, es lo que distingue a quienes cuentan historias: la capacidad de guardar lo que otros dejan pasar.

Hoy, cuando tu nombre suena en los Premios Feroz, cuando la industria te reconoce y te aplaude, aquí en Irun ocurre algo curioso. No celebramos solo tu éxito. Celebramos que sigas siendo uno de los nuestros. Que detrás del guionista premiado sigue estando el chaval que cruzaba la avenida para llegar a clase, el que se reía en el patio, el que aprendía a mirar.

Y en medio de todo esto aparece El Potro. No como símbolo grandilocuente, sino como recordatorio discreto de lo que somos: una ciudad que avanza sin estridencias, que empuja, que resiste, que se reconoce en quienes se atreven a ir más lejos. Tu carrera tiene algo de ese trote firme, de esa mezcla de fuerza y humildad que tanto nos define.

Por eso esta carta no pretende darte lecciones ni envolverte en épica. Solo quiere decirte que, desde aquí, seguimos tus pasos con una mezcla de orgullo y naturalidad. Como quien ve crecer a alguien sin sorpresa, porque en el fondo siempre supo que acabaría llegando.

Sigue escribiendo, Diego. Sigue mirando como mirabas en Anaka. Sigue siendo, aunque estés lejos, un poco de Irun.

foto barnafotopress

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