AMIANO HACE TEMBLAR EL URANZU CAMINO A OTRA FINAL EN EL LABRIT CONTRA MURUA

El choque arrancó con un Amiano dominante, abriendo un 9-2 que parecía encarrilar la noche del Uranzu. Pero ese marcador ocultaba el desgaste: cada tanto era una batalla larga, de más de diez pelotazos, que fue limando su frescura. Su golpe de izquierda perdió filo y Rekalde aprovechó para crecer, acercarse al frontis y recortar diferencias hasta lograr el 14-14, la primera igualada del partido. Poco después, el vizcaíno logró incluso ponerse por delante 16-17, un momento crítico que silenció al frontón.
Fue entonces cuando emergió el Amiano que Irun reconoce como suyo. Con el depósito vacío, pero con la cabeza fría y la derecha firme, soltó una dejada milimétrica tras un peloteo exigente que devolvió el empate y levantó al público. El Uranzu rugió como solo ruge cuando juega uno de casa, como si cada golpe del irundarra removiera sus cimientos.
Tras un error de Rekalde y el paso por la silla, Amiano regresó con una determinación renovada. Encadenó un tanto de saque, una dos paredes que encendió aún más a la grada y, finalmente, otro saque ganador que cerró el partido y lo clasificó para su segunda final en ocho meses.
Cuando la pelota tocó el suelo por última vez, el Uranzu explotó. No era solo una victoria: era la confirmación de que Amiano ya no es el joven impulsivo, sino un pelotari completo, capaz de defender con la derecha, de sufrir, de resistir y de hacer vibrar a un frontón que late al ritmo de su juego.





