AMA GUADALUPEKOA, CUANDO EL DESCENSO NO ES DERROTA SINO PROMESA

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AMA GUADALUPEKOA, CUANDO EL DESCENSO NO ES DERROTA SINO PROMESA

En Hondarribia, cuando el sol se despide tras Jaizkibel, la mar no calla. Y este domingo, en esa mar que tantas veces ha sido testigo de gestas y silencios, la Ama Guadalupekoa ha cerrado una temporada que no se mide en puntos, sino en coraje.

La Liga Euskotren, tan igualada que parece diseñada por relojeros suizos, ha dictado sentencia. Cinco puntos separan a las verdes de la Donostiarra, que aún peleará por la permanencia. Pero esa distancia, tan breve como cruel, se ha construido regata a regata, centésima a centésima, como si el destino quisiera probar la entereza de las bidasotarras.

Y es aquí donde los datos, recogidos por Jurdan Arretxe en Noticias de Gipuzkoa, hablan con la frialdad de quien no conoce el sudor ni el alma: en Ondarroa, rozaron la gloria; en Zierbena, la diferencia fue de cuatro centésimas; en Pobra, veinte; en Zarautz, dieciocho; en casa, once. En total, 1,2 segundos que no se ven en los titulares, pero que pesan como piedras en el alma de quienes reman juntas, día tras día, bajo el mismo cielo y sobre la misma agua.

Y sin embargo, cuando ganaron, lo hicieron con autoridad. Cuando dejaron traineras atrás, lo hicieron con distancia. Porque si algo ha demostrado esta Ama Guadalupekoa es que la fuerza no siempre se mide en victorias, sino en cómo se enfrenta la adversidad.

Miren Garmendia, patrona y faro, ha llevado la elástica de Mejor Patrona con la serenidad de quien sabe que liderar es cuidar. “Hemos peleado hasta el final”, dijo ante las cámaras, con esa mezcla de tristeza y orgullo que solo se entiende cuando se ha vivido cada palada como si fuera la última. “Es una gozada que haya esta igualdad en el remo femenino”, añadió, como quien sabe que el verdadero triunfo está en el camino compartido.

Porque en Hondarribia, el remo no es solo deporte. Es familia. Es identidad. Es esa forma de estar en el mundo que no necesita aspavientos para ser grande. “Me emociona pensar en ellas”, confesó Garmendia, hablando de su tripulación como quien habla de hermanas. “Nos hemos protegido mucho entre nosotras. Sabíamos que esto podía pasar, pero no le damos más vueltas. Nos toca bajar, pero subiremos con más fuerza.”

Y así,el bote no se guarda y se sigue trabajando para preparar la clasificatoria de la Kontxa, El verano se despide deportivamente, pero queda la certeza de que la Ama Guadalupekoa no ha descendido. Ha sembrado. Y en esta tierra, cuando se siembra con amor, siempre se vuelve a florecer.

 

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