ALUNDA, EL KILÓMETRO CERO DE UNA ÉPICA DISCRETA

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ALUNDA, EL KILÓMETRO CERO DE UNA ÉPICA DISCRETA

Finaliza el día de San Marcial, y llega el momento de recoger testimonios sencillos y emotivos. Alunda: empieza el pulso. (Dedicado a Iñaki y a las cantineras de Bidasoa)

Alunda no tiene plaza mayor ni bar con toldo rojo donde se discutan alineaciones del Real Unión. No hay farolas de esas que parpadean como si pensaran. Pero tiene algo que no se compra ni se alquila: el privilegio de ser el primer latido del día de San Marcial para la Compañía Bidasoa.

Allí, en esa curva de la carretera que parece no llevar a ningún sitio salvo al corazón de una tradición, la compañía forma en silencio. No hay público. No hay selfies. Solo la banda, el frescor de la madrugada y ese rumor de caseríos que aún sueñan. Es un momento que no sale en los programas de fiestas, pero que lo dice todo.

Porque empezar desde Alunda no es casualidad. Es una declaración. Es decir: “venimos de lejos, pero llegamos con bandera”. Y no cualquier bandera: la de Irun. La que se recoge más tarde en San Juan, cuando ya todo el mundo está despierto y aplaude. Pero antes de eso, está Alunda. El kilómetro cero de una épica discreta.

La Compañía Bidasoa no tiene un barrio con núcleo urbano, pero tiene un alma que se reparte entre caminos, bordes y memoria. Y su sede, cómo no, está allí mismo, en el camino de Alunda. No por logística, sino por coherencia. Porque si vas a empezar desde la periferia, más vale que lo hagas con convicción.

Y así, cada 30 de junio, mientras la ciudad bosteza, en Alunda ya se camina. Ya se sueña. Ya se marcha.

 

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