ÁLEX MOZAS, EL TIMONEL DE UN PROYECTO QUE MIRA LEJOS

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ÁLEX MOZAS, EL TIMONEL DE UN PROYECTO QUE MIRA LEJOS
 
 

 

Hay decisiones que no se anuncian, se declaran. La renovación de Álex Mozas como entrenador del Irudek Bidasoa Irun hasta 2029 no es solo una continuidad en el banquillo; es la afirmación de un rumbo, la consolidación de una idea que se ha ido gestando con paciencia, trabajo y convicción. Un pacto con el tiempo.

Mozas llegó a Irun en un momento de tránsito, cuando el club cerraba una etapa larga y fecunda con Jacobo Cuétara. No fue fácil. Los cambios nunca lo son. Pero el técnico madrileño supo leer el contexto- le costó-, entender la idiosincrasia de un club que no se mide solo por sus resultados, sino por su manera de estar en el balonmano. Y en apenas una temporada, ha dejado huella: cuarto en Liga, semifinalista en Copa del Rey y Copa de España, y una histórica presencia en los cuartos de final de la EHF European League. Méritos que no se gritan, se reconocen.

El club, en su comunicado, habla de “confianza plena”. Y esa expresión, tan sencilla, encierra una profundidad que va más allá del contrato. Es la confianza en un estilo, en una forma de liderar, en una visión que no busca atajos. Mozas lo resume con naturalidad: “Queremos seguir creciendo juntos para algún día conseguir grandes victorias culminando con algún título”. No hay promesas vacías, solo trabajo sostenido.

Artaleku, ese templo mundial que ha sido casa y fortaleza, se prepara para despedirse. Y si los tiempos se cumplen, Mozas será el último en dirigir desde su banquillo. Un símbolo más de esta etapa que se abre con serenidad y ambición. El nuevo pabellón espera - HAY QUE METERLE UNA MARCHA -pero mientras tanto, el presente se vive con intensidad.

La dirección deportiva, con Julen Aginagalde al frente, tiene ahora ante sí el reto de dar continuidad al proyecto desde la plantilla. Varios jugadores clave terminan contrato en 2027, y otros afrontan su último año. Es tiempo de decisiones, de mirar con perspectiva y de construir sin estridencias.

Porque en el Bidasoa, como en la vida, los grandes pasos no se dan corriendo. Se dan con firmeza, con respeto por lo que se ha sido y con ilusión por lo que se quiere llegar a ser

JUAN PEDRO HAROCARENE 

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