AITOR ZULAIKA EL ENTRENADOR QUE CONQUISTÓ RIAZOR DESDE EL SALÓN DE CASA

El extécnico del Real Unión rememora la histórica victoria frente al Deportivo, un partido que dirigió por videoconferencia desde su domicilio durante la pandemia, reivindica su estrecho vínculo con Irun y se muestra convencido de que Mikel Oyarzabal acabará siendo el futbolista más importante de la historia de la Real Sociedad. En TELEDONOSTI nos explica detalles.
Hay victorias que se recuerdan por el resultado. Otras, por el escenario. Y algunas sobreviven al paso de los años porque parecen desafiantes incluso cuando se evocan desde la distancia. Aitor Zulaika guarda una de esas en su memoria. Ocurrió en Riazor, ante el Deportivo de La Coruña. No era el Fabril ni un filial más de la categoría. Era el Deportivo, con el peso de una historia centenaria y una plantilla que respiraba fútbol profesional por cada costura.
Lo singular de aquella tarde no fue únicamente el triunfo del Real Unión. Lo extraordinario es que su entrenador no estaba en el estadio. La pandemia había alterado las reglas de la normalidad y el técnico azpeitiarra contempló el partido desde casa, aislado por la COVID. Mientras sus jugadores se preparaban para saltar al césped de Riazor, Zulaika dirigía la charla previa a través de una pantalla. “Era el sueño de aquella temporada poder viajar a Riazor, pero estaba con COVID y el doctor no me dejó viajar”, recuerda. La situación fue tan excepcional como la victoria. «La charla la di desde casa, por ordenador. Veía a los jugadores en la pantalla y pensaba qué les tenía que transmitir para afrontar un partido así!.
La respuesta estuvo sobre el césped. El Real Unión salió con una línea de cinco defensores, ejecutó el plan previsto y acabó asaltando uno de los estadios más emblemáticos del fútbol español. “Era un súper equipo.Varios de aquellos jugadores han terminado llegando al fútbol de Primera División. Ganar allí tuvo muchísimo mérito”.
Desde el sofá de casa, sin poder intervenir más allá de las consignas previas, Zulaika vivió el encuentro con una tensión imposible de disimular. Recuerda los golazos de Alain Oyarzun. Recuerda el marcador favorable. Y recuerda especialmente el último cuarto de hora. “Ya no podía hacer nada. Habíamos hecho los cambios y me limité a pasear por los pasillos de casa. No era capaz de quedarme quieto”. Aquella victoria quedó grabada en la memoria colectiva del unionismo. También la lograda en Gal frente al propio Deportivo. Aunque, según admite el técnico, fueron partidos muy diferentes. “En Irun sufrimos muchísimo. Ellos tuvieron infinidad de ocasiones y Txusta firmó una actuación espectacular. En Riazor fue distinto. Allí sí fuimos superiores por momentos y ganamos con merecimiento”. Hablar de Aitor Zulaica es hablar inevitablemente del Real Unión. Pocas personas simbolizan mejor la conexión histórica entre Zubieta y el club irundarra. Llegó por primera vez en 2014 y se encontró una realidad muy alejada de las comodidades del fútbol profesional.”El primer día que fui a Gal no había ni luz”, rememora entre sonrisas.
La anécdota resume una época. El equipo realizaba parte de la pretemporada en Oiartzun, no disponía de todos los medios para la recuperación física y los jugadores se refrescaban en el río tras los entrenamientos. Sin embargo, aquel grupo construyó una campaña memorable, con la conquista de la Copa Federación- contra el Castellón- y la disputa de la fase de ascenso a Segunda División.
Años después regresó para afrontar otro de los desafíos más delicados de la entidad. Tras la pandemia, apenas 22 jornadas separaban al club de tres destinos completamente distintos: permanecer en el fútbol semiprofesional, caer a una categoría inferior o alcanzar la recién creada Primera Federación.
“Sabiendo todo lo que había en juego, era una decisión valiente. Pero creía en ello”, afirma.
El objetivo se cumplió. El Real Unión logró el ascenso a Primera Federación en una temporada marcada por las restricciones sanitarias y la ausencia de público en las gradas, circunstancias que impidieron dimensionar en toda su magnitud la relevancia de aquel éxito.
“Estoy muy identificado con el Real Unión y con la gente del Real Unión”, asegura. Esa identificación explica también su optimismo respecto al futuro de la entidad y, especialmente, ante la llegada de Roberto Olabe al consejo de administración del club.”Puede aportar muchísimo. Tiene experiencia, capacidad de liderazgo y unos conocimientos enormes. Basta con mirar su trayectoria para entender todo lo que puede ofrecer al Real Unión”.
Mientras espera una nueva oportunidad en los banquillos, Zulaika vive una situación inédita. Después de dos décadas trabajando de forma ininterrumpida, afronta un periodo de reflexión alejado de la competición. No hay resignación en sus palabras. Tampoco nostalgia. Al contrario. Aprovecha el tiempo para formarse, perfeccionar el inglés y observar el fútbol desde una perspectiva diferente.
“Hay muchísimos entrenadores buenos. Esto forma parte del fútbol y hay que asumirlo con naturalidad”.
Quizá sea esa serenidad la que le permite analizar con optimismo el presente de la Real Sociedad. Una visión que alcanza su máxima expresión cuando habla de Mikel Oyarzabal, futbolista al que sitúa ya entre las mayores leyendas del club txuri-urdin. “Cuando termine su carrera creo que será el jugador más importante de la historia de la Real Sociedad y puede acabar siendo el jugador con más partidos, más goles, más internacionalidades y más títulos. Para mí terminará siendo el número uno de la historia del club”. Más allá de las estadísticas, destaca su dimensión humana.
“Siempre le he defendido. Es una persona íntegra, un capitán ejemplar, un líder y un futbolista extraordinario. Lo tiene todo”. Lo dice quien ha seguido de cerca su evolución desde los campos de Zubieta. Lo dice también quien ha aprendido que el fútbol se puede vivir desde muchos lugares diferentes. Incluso desde el salón de una casa situada a cientos de kilómetros de Riazor. Porque algunas victorias no necesitan un banquillo para tener autor. Y aquella tarde inolvidable en A Coruña llevó, de principio a fin, el sello de Aitor Zulaika.





