UNA BATALLA DE TITANES EN EL CORAZÓN DE LEÓN RESCATA UN PUNTO

Deportes
UNA BATALLA DE TITANES EN EL CORAZÓN DE LEÓN RESCATA UN PUNTO

En la épica del deporte, algunas noches adquieren el aroma de la eternidad, y ésta, en el Palacio de los Deportes de León, fue una de ellas.

El Bidasoa Irun, con su temple de acero y el aliento incansable de cincuenta almas fieles que surcaron kilómetros para acompañarlo, logró un empate (29-29) que bien podría valer más que dos puntos.

Desde el primer instante, los irundarras saltaron a la pista como un río desbordado, buscando inundar cada rincón del juego. El comienzo de los hombres de Álex Mozas templó el ánimo de la grada local y llenó de esperanza los corazones amarillos. Leo Maciel, un guardián en el templo de la portería, orquestó una defensa que parecía danzar con el destino mismo. Pero como en toda epopeya, los héroes adversarios no tardaron en responder.

El Ademar, herido pero nunca vencido, encontró respiro en la segunda mitad. Los leoneses, empujados por su afición, se levantaron cual ave fénix, revirtiendo la ventaja inicial con una furia que electrizó el ambiente. Sin embargo, el Bidasoa Irun, lejos de doblegarse, halló en Iñaki Cavero Etxepare, un coloso tal y como ocurrió a orillas del Duero y  en Huesca. Su idilio con el penalti rescató un punto de oro. Porque cuando los minutos finales se teñían de vértigo y las esperanzas colgaban de un hilo, llegó el desenlace en un acto de pura sangre fría, un lanzamiento de siete metros que marcó la paridad, coronando un duelo que no merecía vencedor ni vencido.

 Así, con la tensión aún suspendida en el aire, el Bidasoa regresó con una certeza: en su espíritu indomable reside el germen de las grandes gestas. Y era una noche complicada, porque ahora lo podemos decir. El Bidasoa Irun jugó con medio equipo enfermo. Enfermos sí. Un virus estomacal les envió al precipicio, pero se aferraron al corazón de León. ¡Grande el Bidasoa!