LA GRAN FAMILIA MARIANISTA RECUERDA A SU HIJO ILUSTRE: LUIS MARIANO

Aún se escucha, en las plazas dormidas de Irun, aquella voz que parecía tejida de seda y bruma, donde la nostalgia cantaba en francés, pero el alma era toda vasca, bordada en txapela y sonrisa.
Luis Mariano no caminaba, flotaba entre acordes de opereta, como si el viento de los Pirineos lo sostuviera, y en cada nota lanzada al aire se colaban los suspiros de un pueblo entero.
Fue príncipe sin castillo, rey de escenarios donde las penas se convertían en aplausos, y cada canción suya era un pasaje sin retorno hacia las emociones que no necesitan traducción.
Pero hubo un día en que la música se detuvo. El 14 de julio de 1970, cuando París celebraba la República, Irun lloraba en silencio la partida de su hijo ilustre. Las campanas no repicaban por fiesta, sino que acompañaban el duelo de una voz que no volvería a acariciar los oídos de quienes lo amaron sin medida.
Ahora que su voz duerme en los vinilos, y su figura vive en la memoria hecha verso, yo lo imagino cantando aún en la niebla, en las calles antiguas de Irun, acompañado por el eco eterno de su pueblo. Los marianistas le recordaron con devoción, y la ofrenda floral fue responsabilidad del Ayuntamiento de Irun con la Alcaldesa Cristina Laborda al frente, por un lado,- no me olvido de la delegada de Cultura, Nuria Alzaga,- y de la Asociación Lírica "Luis Mariano", por otro, representada por su presidente, Mikel Martínez y el inigualable tenor Ángel Pazos, quién mañana comparecerá en una nueva edición del programa TELEVERANO en TELEDONOSTI dirigido por Xabier Bermúdez y Juan Pedro Harocarene.
