LA ESPERANZA VERDE SE IZA DE NUEVO EN HONDARRIBIA, BETI AMA GUADALUPEKOA

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LA ESPERANZA VERDE SE IZA DE NUEVO EN HONDARRIBIA, BETI AMA GUADALUPEKOA

 

Hondarribia amanece entre xirimiri y salitre. Las piedras del puerto aún guardan ecos de antiguas paladas gloriosas, mientras las redes se tensan de nuevo al compás de una ilusión renovada. Hondarribia Arraun Elkartea ha vuelto.

Y lo ha hecho sin estridencias, sin alardes, pero con la firmeza de quien no ha olvidado el camino hacia la honra, aunque la marea lo haya empujado contra las rocas del cambio

El cambio de ciclo llegó como siempre lo hace en la vida de los clubes marineros: silencioso, inevitable y con olor a despedida. Rostros históricos dejaron sus tostas en la trainera, el remero veterano colgó el remo, y se desdibujaron algunas certezas que en tiempos parecían invulnerables. Pero lo que nunca se abandonó fue el alma: esa fibra- no de carbono- invisible que une el grito del patrón con la última palada de babor. 

Un patrón como Joseba Amunariz con más de 400 regatas ACT. Que se dice pronto. Los nuevos remos, el viejo espíritu En las tostas, jóvenes sin cicatrices pero con la mirada de quien ha visto tempestad. En la proa, la sabiduría apenas maquillada por la frescura del relevo.

El bote verde, ese que surca la bahía como si fuera parte del paisaje, ha vuelto a navegar con dignidad. No ha hecho falta coronarse ni levantar los laureles aún: ha sido suficiente con demostrar que el pulso está intacto, que el corazón late y que el remo sigue siendo extensión del alma hondarribiarra. La trainera se desliza sobre las aguas con esa mezcla de furia contenida y cadencia precisa como “la danza milimétrica de hombres que compiten con las olas más que con otros hombres”, que diría el maestro Rafa Aguirre Franco.

Y eso es exactamente lo que se ha visto: no una victoria en cifras, sino una declaración de que Hondarribia no ha terminado su relato. Más que deporte, una identidad que se resiste a naufragar porque aquí no se trata solo de paladas ni de puestos en la clasificación.

En Hondarribia, el remo es parte de la genealogía, un apellido que se lleva en el pecho, una memoria que se transmite como el secreto mejor guardado entre los muelles y las traineras. Lo que se ha recuperado este verano no es solo la senda de honor: es el relato colectivo que une generaciones y hace del remo una bandera de resistencia cultural. Ahora, el horizonte se abre con promesas

Las aguas del Cantábrico, siempre impredecibles, parecen haber susurrado que el tiempo de volver ha llegado. La verde sigue remando, como siempre lo hizo, como siempre lo hará. (foto I.A.)