
Hay desplazamientos que huelen a fútbol del grande, de ese que se palpa en el ambiente antes de que el autobús enfile la autopista. La visita del Real Unión a Riazor este sábado no es un partido más de la quinta jornada: es el choque entre dos escudos que supieron resurgir del barro la pasada campaña para reclamar, por derecho propio, su sitio en esta dura Primera Federación. Dos campeones frente a frente, pero con la mirada clavada en ese orgullo irundarra que no entiende de rendiciones.
Llega el equipo de Ramsés Gil a A Coruña asentado en la quinta plaza con siete puntos y, sobre todo, con la moral blindada tras el espectáculo del pasado fin de semana. Ese rapto de rabia y pundonor es la carta de presentación con la que los irundarras saltan al césped herculino: un bloque maduro, físico, sabio en el oficio y con piezas que saben de qué va esto al más alto nivel.
Enfrente aguarda el Fabril de Manuel Pablo, un filial talentoso pero impredecible, capaz de desatarse en la presión alta y diluirse en las áreas cuando el partido aprieta. El técnico canario lo sabe bien y no ha dudado en avisar de la amenaza que supone la visita irundarra, definiendo al Real Unión como «uno de los rivales más competitivos de la liga». Saben en Riazor que ante la camiseta txuri-beltz no caben despistes ni concesiones en los minutos finales. Tras el rápido y necesario peaje de la Segunda RFEF, el Real Unión vuelve a pisar un escenario de primera línea para demostrar que su regreso no es casual ni pasajero. Con la solidez por bandera y ese espíritu indomable que ya es marca de la casa, los de Ramsés Gil saltarán al templo coruñés dispuestos a dar un golpe sobre la mesa y recordar a toda la categoría de qué pasta está hecha esta plantilla.
